Los males ocultos de la economía alemana

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Duración lectura: 5m. 20s.

Los países europeos descontentos con la amarga medicina de austeridad que receta la doctora Merkel tienen ahora un abogado en Alemania misma. Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), hace una seria advertencia al gobierno en su libro Die Deutschland-Illusion, para que rectifique el rumbo.


Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 78/14

[Actualizado el 10-10-2014]

El aviso ha caído bien en la mitad izquierda del ejecutivo. En la presentación de la obra, el pasado 19 de septiembre, el autor estuvo acompañado por el ministro de Economía, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, que la calificó de “lectura obligatoria”. Pero la mitad derecha no daba muestras de cambiar de política.

El economista Marcel Fratzscher recomienda aumentar el gasto público y la inversión privada, y liberalizar los servicios

Fratzscher, economista de 43 años con experiencia internacional (trabajó en el Banco Central Europeo [BCE], en Harvard y en el Banco Mundial), quiere sacar a los alemanes de la complacencia en sus logros y de su exceso de confianza. La “ilusión” en que viven, dice, se basa en tres méritos que les han permitido resistir firmes a la crisis. Son: la reforma laboral de la década anterior, que al flexibilizar el mercado trajo un aumento del empleo; las abundantes exportaciones de la competitiva industria nacional, y el equilibrio presupuestario, tan distinto del irresponsable endeudamiento de los países rescatados. Moraleja: si los vecinos en apuros quieren salir a flote, habrán de someterse a la misma dolorosa cura, y no quedarse esperando a que Alemania les saque las castañas del fuego.

Síntomas preocupantes

Pero, según Fratzscher, Alemania no va tan bien como parece. Presenta síntomas preocupantes: tres años creciendo menos del 1%, incluidos tres trimestres bajo cero (–0,6% es el dato más reciente); salarios casi estancados, más cortos que a principios del siglo para dos de cada tres trabajadores. En esos dos capítulos, Alemania está por debajo de la media de la zona euro. ¿Qué ocurre entonces?

En Alemania el crecimiento del PIB y de los salarios es inferior a la media de la zona euro, y la expansión del empleo esconde un aumento del trabajo precario o de jornada parcial

Fratzscher explica que los éxitos alemanes son notables, pero tienen un lado oscuro. La reforma laboral redujo el paro, pero a costa de aumentar los empleos de dedicación parcial o precarios. Así, aunque en 2013 había 4 millones más de personas empleadas que en 2005, las horas de trabajo totales subieron muy poco, y en proporción, bajaron de 1.431 a 1.388 por trabajador y año. La potencia exportadora no se debe a que haya subido la productividad, sino a que Alemania vende ahora más barato, gracias a los costos salariales contenidos y al euro. Y el déficit presupuestario se ha reducido, sobre todo, porque con dos millones menos de parados que en 2005 se recaudan más impuestos.

Después de bajar los humos a sus compatriotas, Fratzscher señala el que, a su juicio, es el problema de fondo de la economía alemana: la falta de inversión y un ahorro desproporcionado. Las inversiones han bajado del 23% al 17% del PIB de los años noventa a hoy. La inversión pública, equivalente al 1,6% del PIB, está bastante por debajo de la media de la UE, que es el 2,2%. Muestra de ello es el mal estado de las otrora ejemplares infraestructuras alemanas, decía hace poco Der Spiegel.

Menos austeridad

Contra eso, Fratzscher recomienda lo mismo que piden los gobiernos europeos opuestos a continuar la cura de austeridad: aumentar el gasto público, aun a costa de más déficit. También el FMI lo ha dicho esta semana, al revisar a la baja la previsión de crecimiento de la zona euro, porque ve peligro de vuelta a la recesión. Y el presidente del BCE, Mario Draghi, ha repetido el mismo mensaje porque teme una deflación a la japonesa. Fratzscher añade que el gobierno alemán debería estimular la inversión privada, porque el bajo nivel actual impide que aumente la productividad. En cambio, si los alemanes, en vez de ahorrar tanto y colocar tanto dinero fuera, invirtieran más en su propio país, obtendrían mayores réditos e impulsarían el crecimiento. Otra parte del actual ahorro se debería gastar en importar más de los países vecinos, que es una manera de mover la economía propia y a la vez un beneficio para los socios.

Finalmente, hay que liberalizar el sector servicios, poco productivo y competitivo, porque en una parte importante está sometido a organizaciones gremiales y a regulaciones proteccionistas.

Las tesis de Fratzscher han provocado una viva discusión. El 20 de septiembre, la canciller Angela Merkel, como dándose por aludida, dijo en su alocución semanal que para crecer hay que invertir. Pero Fratzscher reprocha al gobierno que emprenda un plan de infraestructuras y no apoye la misma política en Francia o Italia.

En estos y otros países hay un conato de rebelión contra las prescripciones alemanas. El primer ministro francés, Manuel Valls, ha anunciado un “presupuesto anti-austeridad”. En cambio, el ministro de finanzas alemán, el democristiano Wolfgang Schäuble, insiste en bajar el déficit, lo que para Fratzscher es “un objetivo muy extraño en las presentes circunstancias”.

[Añadido el 10-10-2014:]
Por fin, el 9 de octubre, Merkel hizo la primera insinuación de que podría haber un cambio de política. El mismo día, la Agencia Estadística Federal había añadido uno más a la reciente serie de datos inquietantes: en agosto pasado, las exportaciones alemanas bajaron un 5,8% con respecto al mes anterior, el mayor descenso desde 2009. La canciller, tras reconocer el empeoramiento de las previsiones económicas, anunció que el gobierno se está planteando estimular las inversiones, especialmente en los sectores digital y energético. Tal declaración, aunque se considera muy significativa, no supone una renuncia formal al principio de no aumentar el déficit. No se sabe si para moderar expectativas, Schäuble, que estaba en Washington, dijo también el día 9 que “extender cheques” no es la manera de impulsar el crecimiento de la zona euro.