Los bancos de alimentos, factor de integración social

Cuando en 1967 John van Hengel fundó en Phoenix (Arizona) el primer banco de alimentos, comenzaba un movimiento de iniciativa civil que no ha hecho más que crecer. Los bancos de alimentos realizan la sencilla idea de recolectar alimentos excedentes, que en otro caso serían destruidos, y facilitarlos a centros e instituciones asistenciales que ofrecen comida gratuita a personas necesitadas. Sencilla idea cuya realización exige una organización no muy distinta de la que tendrían empresas de cierta importancia, pero de las que los bancos de alimentos difieren por la ausencia del ánimo de lucro.

La semilla lanzada por Van Hengel atravesó el Atlántico y fructificó en 1984 con la creación en Francia del primer banco de alimentos europeo. Hoy, según datos de la Federación Europea de Bancos de Alimentos (FEBA) -relativos a 2006- hechos públicos durante la asamblea anual celebrada recientemente en Varsovia, 4,3 millones de personas han podido ser alimentadas directamente por 25.000 asociaciones de ayuda a los necesitados. El total de 274.000 toneladas de alimentos proporcionados por los bancos de alimentos ese año equivalen a 521 millones de euros. En la red Europea, formada por 218 bancos de alimentos, trabajan 6.406 voluntarios, 362 asalariados y 327 personas con contrato social.

La realidad que subyace en la aparición de los bancos de alimentos es la existencia de bolsas de pobreza aun en países económicamente muy desarrollados. Las estadísticas de Eurostat reconocen que en 2004 las personas que en Europa vivían por debajo del nivel de pobreza eran el 15% de la población (ver Aceprensa 124/04).

El delegado de la federación alemana de bancos de alimentos informó en Varsovia de las reticencias de las autoridades alemanas a reconocer la existencia de bolsas de pobreza en su país. Allí las ayudas de los gobiernos central y regional, junto a una amplia red de instituciones dependientes de las confesiones religiosas, son muy importantes. Sin embargo, los cuatro bancos de alimentos alemanes también han detectado bolsas de pobreza y trabajan sobre el problema. Dar subvenciones a los que tienen hambre para que compren comida es, según algunas autoridades, más barato que recolectar y redistribuir alimentos. Pero en la filosofía de los bancos de alimentos no está solo la idea de realizar una obra de misericordia -dar de comer al hambriento-, sino también realizar una estrategia más amplia de lucha contra la exclusión social.

Ochocientos mil necesitados en España

Francia, con 79 bancos de alimentos y España, con 50 integrados en una federación (FESBAL), son los países europeos en los que el sistema está más desarrollado. En los bancos de alimentos españoles trabajan unos 1.200 voluntarios y el personal retribuido no llega al 1% de los colaboradores.

Los bancos de alimentos desarrollan una intensa actividad para encontrar y estabilizar fuentes de suministro y diversificar lo más posible los alimentos. Todo producto redistribuido no debe superar la fecha de caducidad y estar en perfectas condiciones de consumo. Pero hay productos que, por problemas de embalaje o por cambios de estrategia comercial, son retirados de la venta al público y pueden ser utilizados sin ningún problema por los bancos de alimentos, que los recogen o reciben en las grandes superficies comerciales o en los mercados centrales. Cámaras frigoríficas permiten mantener la cadena del frío hasta la redistribución.

La Comisión Europea, mediante la Dirección General de Agricultura, estableció el Programa Europeo de Ayuda Alimentaria a los más Desfavorecidos (PEAD), al que en 2006 destinó 259,4 millones de euros. En la asamblea de Varsovia se puso de manifiesto la inquietud por la posible disminución de este programa debido a los futuros cambios en la Política Agrícola Común (PAC) y se acordó realizar gestiones ante la Comisión para que se mantenga el programa a nivel europeo.

Como consecuencia de ese programa una importante fuente de aprovisionamiento de alimentos la constituyen los productos de intervención (excedentes agrícolas) de la Unión Europea a través del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA).

Un acuerdo entre el FEGA y FESBAL ha permitido a los bancos de alimentos españoles en el año 2006 distribuir 30.000 toneladas de alimentos que, unidos a las 28.000 toneladas obtenidas de casi 3.000 empresas donantes, grandes superficies, “operaciones kilo” y otras procedencias, han permitido a las instituciones de ayuda directa a los necesitados atender a más de 800.000 necesitados.

Las llamadas “operaciones kilo”, por las que muchas personas donan alimentos comprados en el “super” o en la gran superficie, no representan un volumen considerable de alimentos entre el total repartido. Pero tienen una enorme importancia en la formación y difusión del espíritu solidario entre la sociedad y entre las personas, generalmente jóvenes, que ayudan a desarrollar esas operaciones. En más de una ocasión, decisiones de colaboración tomadas en empresas de las más diversas actividades, han sido de personas que en su día fueron entusiastas colaboradores de las “operaciones kilo”.

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