Las “faldas de oro” en las empresas noruegas

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Duración lectura: 2m. 46s.

Desde el 1 de enero, todas las empresas noruegas que cotizan en Bolsa están obligadas a tener un 40% de mujeres en sus consejos de administración, en virtud de una ley aprobada en 2003 que también afecta a las compañías estatales. La norma se ha cumplido en la mayoría de los casos, aunque no sin dificultades y entre sospechas de que esta feminización por ley sea más aparente que real.

Cuando se aprobó la ley, las mujeres eran el 8,4% de los consejeros en las empresas privadas, y el porcentaje subió poco hasta que al gobierno se le acabó la paciencia e impuso un plazo de dos años que terminó el 31 de diciembre (ver Aceprensa 3/06). Así, la presencia femenina ha pasado del 17% en 2005 al 36% ahora (la media europea es del 9%), y las empresas privadas que están en regla, de 68 de 519 obligadas a unas 405 de 480.

Como indica el último dato, algunas compañías se han retirado de la Bolsa para no tener que cumplir con la ley. En general, las empresas y la Bolsa se han opuesto a la cuota. Alegaban que la presencia femenina iría creciendo de modo natural a medida que hubiera más mujeres con suficiente capacidad y experiencia, que en todo caso deben ser los únicos criterios al decidir los nombramientos para los consejos de administración. La ley ha obligado a las empresas a buscar consejeras a marchas forzadas, alrededor de un millar en cuatro años, para evitar sanciones que pueden llegar hasta la disolución.

La cuestión es si la igualdad de sexos en la cúspide empresarial se puede alcanzar así o más bien habría que atacar primero el déficit de mujeres en los niveles inferiores. En Noruega, las mujeres no son más que el 15% en el escalón precedente de la gestión empresarial: por eso no ha sido fácil hallar candidatas experimentadas para cubrir el 40% de los consejos, sobre todo en la industria petrolera, la más importante del país, donde trabajan pocas mujeres.

Estas dificultades han llevado a que algunas mujeres muy bien preparadas tengan ahora puestos en 25 o más consejos de administración, con la consiguiente suma de retribuciones, lo que ha dado lugar a que se hable de las “faldas de oro”. Y si otras han obtenido uno sólo porque lo manda la ley, se teme que muchos consejos se hayan rellenado con “mujeres de paja” sin poder real. En tal caso, se habría avanzado poco en la igualdad de los sexos.

Sin embargo, otros indicios recogidos por The Economist (5-01-2008) muestran efectos beneficiosos de la entrada de mujeres en los consejos. Es célebre el caso de Statoil, la empresa más grande de Noruega, en la que Grace Reksten Skaugen y otras dos consejeras forzaron un debate sobre sospechas de sobornos cuando sus colegas masculinos querían tapar el asunto, y lograron la dimisión del presidente y del director ejecutivo. La experiencia es desde luego una buena cualidad, pero mal entendida puede conducir a la anquilosis, y la cuota femenina ha forzado, al parecer una saludable renovación de los consejos. Como resume Reksten Skaugen, “las mujeres podemos permitirnos hacer preguntas incómodas, porque no siempre se espera de nosotras que sepamos la respuesta”.