Los bonus astronómicos y no siempre justificados

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Actualizado el 20 de enero de 2014

Las dos últimas semanas del año suponen el cierre de las retribuciones para muchos empleados del sector financiero. El último giro de la economía puede hacer que las primas de la banca en Estados Unidos se disparen hasta los 100.000 millones de dólares. Mientras unos se alegran con esta señal de recuperación económica, otros reclaman que esas cantidades millonarias se destinen a los afectados y aún sin techo, cinco años después de la gran caída de Wall Street.

El debate sobre las compensaciones económicas de los directivos sigue candente tras años de cierres de empresas y descalabros económicos de particulares. ¿Qué se premia realmente con las compensaciones variables si hay un sueldo mensual y otras pagas extra? ¿Es ético cobrar un plus por la gestión cuando hay despidos o los objetivos no se han alcanzado? Es lógico que los ciudadanos se lo cuestionen. Resulta difícil deslindar si, aun cumpliéndose las expectativas, un buen resultado empresarial corresponde solo a los directivos o al conjunto de los trabajadores.

Las propuestas de medidas para racionalizar las gratificaciones y los sueldos en el sector financiero se han ido sucediendo desde la aprobación en verano de la Directiva de Requerimientos de Capital que Gran Bretaña ha recurrido. Londres no acepta limitar las primas de la banca por defender su City, donde se concentra el 75% de los banqueros millonarios de la UE. “No puedo apoyar la propuesta que está sobre la mesa”, repetía su representante desde las primeras discusiones, pese al consenso de 26 de los 27 países.

En España se ha avanzado este último mes del año y el Ejecutivo presentó recientemente un anteproyecto para modificar la Ley de Sociedades de Capital, que recoge algunas recomendaciones sobre gobierno corporativo y salarios de los consejeros, con el fin de ir incorporando más transparencia y evitar los problemas de gestión de riesgos.

En España, los consejos de las grandes empresas ganaron un 5,6% más en 2012, pese a que los beneficios cayeron un 57%

También Francia, en una carrera de última hora, ha conseguido sacar adelante una nueva tasa marginal del 50% (75% con las cotizaciones sociales) sobre el tramo de salario siguiente al primer millón de euros, aunque con la novedad de que será la empresa pagadora –y no el contratado– la que se hará cargo de abonarla. La tasa, conocida como “el impuesto de los millonarios”, ha levantado fuertes críticas de las empresas y clubes profesionales de fútbol.

Quizá lo más llamativo del año fue que Suiza aprobara por referéndum someter a los accionistas los salarios de los directivos y los llamados “paracaídas dorados”, o blindajes frente a los despidos. El anuncio de una indemnización de 58 millones de euros prometida al expresidente de Novartis fue la gota que colmó el vaso y, aunque finalmente renunció a percibirla, y hubo gran resistencia entre la banca y las empresas, la propuesta limitativa salió adelante.

La norma que ahora prepara la Confederación Helvética –con el respaldo de todos los cantones– plantea que sean los accionistas los que den el sí a las retribuciones de los miembros del consejo de administración y los directivos. Además, las empresas deberán regular y hacer transparentes los bonos y participaciones, así como los créditos o préstamos, y otras ventajas de sus altos jefes, determinando sus condiciones.

Transparencia
Este modelo a favor de la intervención, conocido por su denominación británica say on pay, es el que también prepara el Gobierno de España para las compañías cotizadas. Se prevé que la política de remuneraciones de las sociedades cotizadas se vote por la junta general de accionistas con carácter vinculante cada tres años, se fije un límite en el sueldo anual de los consejeros por su condición de tales y un tope máximo en la retribución fija de los ejecutivos.

La nueva regulación de la Unión Europea limita las primas porque incitan a arriesgar demasiado, cosa que según Bruselas está en el origen de la crisis financiera

Sin embargo, no todo es tan transparente en el sistema say on pay, según un estudio publicado por cuatro autores de las escuelas de negocios de Standford e IESE sobre los mitos que se han creado. Aunque se esté aplicando en varios países occidentales, la eficacia de una votación no es tan automática como parece cuando en las empresas abundan las participaciones minoritarias. “A pesar de que los accionistas de 2.700 compañías americanas pudieron votar en 2011 sobre las retribuciones, solo en 41 de ellas –el 1,5%– se consiguió una aprobación por mayoría; un año después este porcentaje no había llegado al 2%”, aseguran las conclusiones de la investigación.

Tampoco la calidad del trabajo directivo queda garantizada por el mero hecho de percibir una retribución “votada”. “Algunos accionistas críticos piensan que la compensación a los directivos no está suficientemente ligada a su gestión”, por ejemplo, cuando los beneficios para los accionistas no alcanzan a los de la media de otras empresas del mismo sector, señala el informe.

Poner el acento en la transparencia puede desplazar el debate de lo esencial, y los accionistas quizá tiendan a rechazar por principio ventajas adicionales, como el uso de aviones privados o despidos blindados, cuando en realidad lo que deberían determinar en primer lugar es si esas retribuciones “tienen justificación”, si realmente el trabajo de los directivos aporta valor a la empresa.

Muchas veces el valor se consigue con planes a largo plazo que no se reflejan adecuadamente en los informes contables de final de un ejercicio.

Retribuciones desmedidas
El anuncio de la vuelta de las grandes primas ha desencadenado la campaña de un grupo de activistas, The Other 98%, en el que se pide a los bancos que las donen a las organizaciones de caridad, con el fin de contribuir a aliviar el problema de los afectados por la crisis financiera que han perdido sus casas. “Esta Navidad, ayuden a reparar el problema de tantos sin techo; es literalmente lo menos que pueden hacer”, decía Alexis Goldstein, un antiguo analista ahora ligado al movimiento Occupy Wall Street.

Poner el acento en que el accionariado pueda pronunciarse sobre las retribuciones de los directivos puede alejar la atención de lo esencial, que es si son proporcionadas a lo que ellos aportan a la empresa

Las reacciones también llegan de instituciones públicas. Hace pocos días el Parlamento británico ponía el grito en el cielo tras conocer que los 150 ejecutivos despedidos durante los últimos tres años en la BBC percibieron 39 millones de dólares; en 22 de los casos la cuantía fue mayor que la exigida por su contrato. Las explicaciones de los que dirigían el servicio público, por muy crudo que resulte ejecutar un ajuste de plantilla, no parecían convencer a nadie a la vista de cifras millonarias. Dar con el esquema adecuado en las retribuciones es esencial para retener el talento y hacer avanzar la empresa, pero lo complicado es ajustar la cuantía.

En España los consejos de las principales empresas –las del IBEX 35– ganaron 268 millones de euros en 2012, una subida del 5,6% en relación con el año anterior, a pesar de que los beneficios se desplomaron un 57%. Los quince ejecutivos mejor pagados –5 de ellos de grandes bancos– acumularon en total 127 millones de euros. A pesar de que se les recortara la parte variable por no cumplir objetivos, las retribuciones finales siguieron siendo astronómicas, gracias a lo pagado por algunos despidos.

Inversiones arriesgadas
Se comprende que la nueva regulación impuesta para la banca en la Unión Europea exija que desde el 1 de enero de 2014 las primas de los directivos nunca superen la cuantía de la remuneración fija; solo si lo autoriza la junta de accionistas podrán ser mayores, hasta el doble como máximo. Con estos topes se pretende evitar que los banqueros asuman riesgos excesivos a corto plazo, que según Bruselas están en el origen de la crisis financiera.

De las cuantiosas bonificaciones anunciadas en Wall Street la mayor parte no irá a los consejeros de carácter estratégico que asesoran a las grandes fortunas. Según explicaba el columnista Andrew Sorkin en el suplemento financiero del New York Times, ahora los que más negocio hacen son los que manejan fondos de inversión libre, y de alto riesgo, para instituciones; los administradores de inversiones y todos los que tengan que ver con ofertas públicas.

Pero las medidas de control por la junta de accionistas, que suponen una mayor vigilancia a los ejecutivos, “de poco servirán si los directivos no son éticos. Y no solo ellos, también los auditores, los accionistas, los consejeros…”, asegura Antonio Argandoña, profesor de Economía en el IESE y titular de la Cátedra “la Caixa” de Responsabilidad Social Corporativa, en un comentario sobre los incentivos y su relación con los informes financieros de final de año.

Quizá de ahí se derive parte del descrédito de la profesiones ligadas a Wall Street que refleja la filmografía reciente sobre la crisis y que ha motivado que solo el 27% de la última generación de graduados en Harvard se haya dirigido al sector financiero, cuando en 2011 lo hizo el 35%, y en 2008 el 40%.

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