Japón se rodea de amigos con la ayuda al desarrollo

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Duración lectura: 2m. 12s.

Desde 1989 Japón es el país que destina más dinero en valor absoluto a la ayuda al desarrollo, por delante de Estados Unidos, Francia o Alemania. Pero el altruismo no explica todo. El deseo de extender su influencia en Asia y de conseguir contratos en el exterior para sus empresas son otros motivos que explican también su innegable generosidad.

Los últimos datos disponibles, de 1992, revelan que Japón dedicó a ayudas exteriores 11.332 millones de dólares, dirigidos especialmente a los países asiáticos. Pero hay que tener en cuenta que la revalorización del yen infla automáticamente el valor absoluto de la ayuda en dólares. De hecho, no representa más del 0,3% del Producto Interior Bruto: Japón ocupa el puesto decimoquinto entre los países más generosos en las ayudas exteriores al desarrollo.

Japón distribuye en Asia el 65% de su ayuda. En 1992, los nueve beneficiarios principales de la ayuda nipona eran países asiáticos. En primer lugar, Indonesia (16% del total), luego China (12,4%)y Filipinas (12,2%). Su natural inclinación asiática forma también parte de su estrategia, pues desea convivir en un Asia estable, pacífica y próspera. Fuera del entorno asiático, el primer país beneficiario es Perú: no en vano tiene un presidente de origen japonés.

La ayuda nipona al África subsahariana permanece estable, alrededor del 10% del total. Se concentra en países anglófonos de África oriental y austral. Pero, como reconoce un diplomático japonés, “África nos ha decepcionado un poco”, por el peor rendimiento económico de las ayudas.

Japón siempre ha dado prioridad a los proyectos de desarrollo de infraestructuras (transporte, energía y telecomunicaciones) y prefiere ayudar con préstamos en vez de con donaciones, pues responsabilizan más al beneficiario. Pero ha tenido que escuchar quejas por otorgar ayudas a cambio de conseguir la reserva de contratos de obras o ventas a empresas propias. Desde 1978 está acusación va perdiendo sentido, pues los préstamos japoneses se han ido “desligando” poco a poco. En 1992, más del 80% de los proyectos de ayuda apoyados por Japón podían ser realizados por empresas de cualquier país, y menos del 35% de éstos acababan en manos de empresas japonesas.

Pero la apertura no ha culminado, y Japón sigue haciendo buen negocio gracias a las ayudas exteriores. Si no, no se explica que muchas empresas cuenten con departamentos dedicados exclusivamente a conseguir contratos de ayuda extranjera. Todavía algunas firmas de los países beneficiarios funcionan como tapaderas de las japonesas, con las que están ligadas financiera o técnicamente.

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