Francia: derrapa la plantilla de Michelin

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Duración lectura: 2m. 36s.

Acomienzos de septiembre, la multinacional francesa Michelin ha anunciado un plan de reestructuración que prevé la supresión de 7.500 puestos de trabajo en Europa, a pesar de que sus beneficios han subido un 20% durante el semestre anterior. La dirección de la empresa justifica su plan por la necesidad de ser más competitiva, dentro de un mercado muy difícil, que sólo crece del 1% al 2% anual. El proyecto puede ir adelante jurídicamente, porque la legislación francesa suprimió no hace mucho la autorización administrativa previa para este tipo de reajustes de plantilla. Pero ha suscitado una fuerte oposición en los medios políticos y sindicales.

El objetivo es mejorar la productividad un 20% en los tres próximos años. En 1998, Michelin tenía 127.241 empleados en todo el mundo. Las medidas se irán adoptando progresivamente: más que en despidos, la reducción de plantilla se basará en las jubilaciones naturales y anticipadas. Costarán unos 2.000 millones de francos, y ahorrarán 1.500 millones anuales.

Al día siguiente del anuncio, las acciones de Michelin subieron un 12,56% en la Bolsa de París. Algunos analistas quitan importancia a esta apreciación: consideran que se debe sustancialmente al aumento de los beneficios, no al anuncio de la reducción de plantilla.

En cambio, como era previsible, la mayor parte de los líderes políticos y sindicales han manifestado severas críticas a esta medida: la consideran una provocación social en la actual situación del empleo; plantean revisar el actual equilibrio de poderes, para impedir que una empresa pueda llevar a la práctica planes de ese tipo; se lamentan de que pierdan su empleo justamente personas que han contribuido a que la empresa tenga beneficios; reprochan a la dirección que sólo piense en los inversores, y no en los propios empleados; ven tras acciones de este tipo el poder de los fondos de pensión anglosajones sobre empresas europeas, en detrimento del empleo. Y muchos resumen todo en una “americanización” del capitalismo, personalizada en este caso por Edouard Michelin, de 36 años, formado en Estados Unidos, que ha sucedido a su padre François como patrón de la firma.

El primer ministro, el socialista Lionel Jospin, ha reaccionado con cierto conformismo, dentro de una evidente preocupación. Querría que todo el mundo compartiera la prioridad de su gabinete en favor del empleo, pero afirmó ante los micrófonos de France 2: “No creo que se pueda administrar la economía”.

El caso Michelin merece ser observado atentamente, pues condensa grandes cuestiones que gravitan hoy en torno al empleo y las empresas en una economía de ámbito mundial. No deja de ser significativo que las noticias sobre Michelin se difundieran al día siguiente de que dos grandes fabricantes de automóviles, General Motors y Daimler Chrysler, propusieran al sindicato americano del ramo garantizar el empleo a los obreros con más de diez años de antigüedad, a cambio de una mayor flexibilidad interna, para poder introducir nuevos métodos de producción en las fábricas que pierden dinero.