Etiopía crece y no pasa hambre

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Hace catorce años Etiopía era el paradigma de la hambruna y de la incapacidad de África subsahariana para alimentar a su población. Hoy, con el cambio de régimen y de política agrícola, ya no se habla de hambre, la grave escasez es ya historia. Desde el final de la dictadura marxista, en 1991, la producción de los principales cultivos se ha duplicado. Por lo que algunos expertos en agricultura afirman que dentro de diez años este país podrá subsistir con su sola producción.

En el último lustro Etiopía ha transformado su política agrícola aumentando sus inversiones en el sector y permitiendo a los campesinos vender las cosechas en el mercado libre. Pero todavía la mayor parte de los cultivos dependen de las lluvias y están expuestos a los caprichos atmosféricos. Así, el año pasado, de excesivas lluvias, el gobierno tuvo que importar miles de toneladas de alimentos con ayuda de algunos países. Sin embargo, el revés meteorológico no desmoronó la economía, que creció un 5%. En otros tiempos, los años de malas lluvias el PIB del país bajaba un 6% ó 7%. Lo que demuestra que en este país de 60 millones de personas y un 85% de población dedicada a la agricultura, el problema era cambiar los métodos de gobierno.

La nueva política agrícola de Etiopía forma parte de una tendencia similar en países del África subsahariana. Hay más gobiernos que permiten la venta de alimentos al precio de mercado, en lugar de obligar a los campesinos a venderlos a organismos gubernamentales a precio reducido. Ghana ha duplicado su producción de cereales entre 1986 y 1996, Nigeria ha conseguido aumentarla en un 50% de 1990 a 1996, y situaciones análogas se dan en Mozambique y Uganda.

La transformación en Etiopía no ha sido completa, pues aún es ilegal la propiedad privada de la tierra. Pero, según explica el corresponsal de International Herald Tribune (26-V-98), el gobierno de Meles Zenawi está demostrando su interés en que los campesinos aumenten la productividad: les provee de más semillas y créditos; les recomienda el uso moderado de fertilizantes, y permite la intervención de expertos, como la Sasakawa Africa Association, que trabaja en colaboración con el Carter Center, de Atlanta.

Con esos impulsos, los campesinos se van convenciendo de lo eficaz que es preparar la tierra arrancando las malas hierbas periódicamente o plantar las semillas en hileras. El año pasado 690.000 personas empleaban esos métodos.

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