El teléfono móvil, una bendición para África

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Duración lectura: 3m. 57s.

¿Para qué quiere un teléfono móvil un africano que vive en una aldea o barrio sin electricidad y tiene que recargarlo con la batería de coche de un vecino, que le cobra por el servicio? El agricultor o ganadero lo quiere para enterarse de los precios del género en los mercados, dato crucial para negociar con los intermediarios. Lo usa el artesano para recibir pedidos. Al personal sanitario le sirve para hacer venir una ambulancia. Todos lo quieren para hablar con familiares, hacer compras, cerrar tratos y atender muchas otras necesidades cotidianas. En África, donde las infraestructuras de transportes y comunicaciones son escasas o deficientes, el teléfono móvil es hoy el invento más útil y popular.

África ostenta el primer puesto mundial en crecimiento de la telefonía móvil, si bien a partir de un nivel muy bajo. De 1999 a 2004 pasó de 7,5 millones de líneas a 76,8 millones: un aumento medio del 58% anual, muy superior al del segundo continente, que es Asia (+34%). La mayor parte del incremento africano (el 20%) corresponde a Sudáfrica, que tiene uno de cada cuatro abonados del continente. Pero la expansión es aún más rápida en países de menor renta y peores infraestructuras, como Nigeria o la R.D. del Congo.

El entusiasmo de los africanos por el teléfono móvil es fácil de explicar. La telefonía por cable está poco extendida (hasta Mongolia tiene más líneas por habitante, el doble que África) y no es fiable; el fax y el correo electrónico son menos accesibles aún. En cambio, el teléfono celular está al alcance de muchos bolsillos, con las tarjetas de pre-pago se puede usar sin necesidad de tener cuenta corriente ni tarjeta de crédito y, en fin, funciona. Una consecuencia es que se facilitan las operaciones comerciales. Por eso, algunos economistas creen que el móvil es la tecnología que más impulsa el desarrollo en relación con su coste. Un estudio reciente de Leonard Waverman (London Business School) calcula que en los países en desarrollo, un incremento de diez móviles por cien habitantes hace subir 0,6 puntos el crecimiento del PIB.

La difusión del teléfono celular en África comenzó a mediados de la década anterior, cuando los gobiernos liberalizaron las comunicaciones. Antes, en la R.D. Congo (entonces Zaire) tener teléfono era un lujo y hacer una llamada, una aventura de resultado incierto. Los cables del monopolio estatal de telefonía fija solo llegaban a los barrios lujosos, y el servicio se prestaba con frecuentes cortes y fallos. En 1985 se autorizó un único operador de telefonía móvil, pero los aparatos, el abono y el consumo (5 dólares el minuto) tenían precios desorbitados. Solo los ministros y altos funcionarios, los dirigentes del partido único y los ricos podían poseer un celular.

Pero en 1992, con la apertura del mercado a la competencia, comenzaron a bajar los precios. Hoy los congoleños pueden adquirir un aparato por el equivalente de 75 dólares y hablar al costo de 0,20-0,36 dólares por minuto durante el día, o 0,16-0,20 por la noche. Existen cinco operadores que ofrecen distintas tarifas. Una fórmula muy popular es la tarjeta de pre-pago de 25 dólares, válida por un mes y que permite hacer un número ilimitado de llamadas.

Hoy el teléfono móvil no es símbolo de “status” elevado. Los ricos se distinguen por usar aparatos de gama alta, con cámara o agenda electrónica. Pero el celular corriente está ya en casi todos los hogares de Kinshasa y se ve en las provincias remotas. Uno de los operadores, Vodacom (de capital sudafricano y británico) dice que ha llegado a 1,1 millones de abonados en todo el país y gana más de mil nuevos al día.

La tecnología celular ha puesto el teléfono en manos del pueblo africano. Hoy el continente tiene tres veces más líneas de móvil que de fijo. Aun así, con 9,1 teléfonos móviles por 100 habitantes, África sigue a gran distancia de los países desarrollados, que suelen pasar de 80 líneas por 100 personas. Pero justo por eso las empresas del sector, al ver sus mercados tradicionales próximos a la saturación, buscan otros nuevos. Y los clientes africanos son interesantes para inversores extranjeros; muestra de ello es que también en otros operadores congoleños de telefonía móvil los socios mayoritarios vienen de fuera: de Bélgica (Oasis), de Gran Bretaña (Celtel) o de China (CCT).

Con informaciones de Philémon Muamba Mumbunda desde Kinshasa.

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