El mundo en desarrollo necesita los cultivos transgénicos

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En la polémica sobre los cultivos transgénicos, Per Pinstrup-Andersen, director general del International Food Policy Research Institute, señala que la agricultura ecológica es un lujo que sólo pueden permitirse los países ricos (International Herald Tribune, 28-X-99).

(…) Mientras la prensa europea y, cada vez más, la de Estados Unidos, habla de “comida Frankenstein” y “semillas terminator”, los pequeños agricultores de Asia, África y América Latina deben de estar preguntándose a qué viene tanto jaleo. El acalorado debate sobre los riesgos de la biotecnología agrícola amenaza con hacerles perder una gran oportunidad de mejora.

En la mayor parte del mundo, millones de agricultores que se ganan apenas el sustento con cultivos de bajo rendimiento, sufren pobreza, hambre y mala salud. (…) La agricultura biotecnológica puede ayudar a los agricultores de países en desarrollo a aumentar la producción mediante el desarrollo de nuevas variedades de cultivos resistentes a la sequía, a los insectos y a las malas hierbas, y capaces de captar nitrógeno del aire.

La biotecnología puede además hacer que las plantas de cultivo sean más nutritivas, con mayor contenido de vitaminas, hierro y otros nutrientes. De hecho, en agosto pasado, unos investigadores anunciaron que habían logrado un arroz transgénico con más hierro y vitamina A. El siguiente paso es comprobar los efectos del nuevo arroz en la salud humana y el medio ambiente.

Naturalmente, hay que hacer pruebas exhaustivas para asegurar que las nuevas variedades transgénicas no son dañinas. (…) Pero mientras que en el mundo desarrollado, los temores a la biotecnología, incluso los injustificados, pueden paralizar su uso sin provocar catástrofes, frenar la biotecnología podría tener consecuencias desastrosas para los países en desarrollo (…). Los consumidores de los países industrializados pueden permitirse pagar más por la comida, aumentar los subsidios a la agricultura y renunciar a la oportunidad de disfrutar de alimentos más sabrosos y de mejor aspecto. En los países en desarrollo, la situación es distinta.

Allí, para la mayoría de la población, la mejora del nivel de vida depende de que aumente la productividad agrícola. La investigación en biotecnología, junto con políticas adecuadas, mejores infraestructuras y la investigación tradicional, puede beneficiar a millones de agricultores y consumidores pobres.

También Norman Borlaug, premio Nobel de la Paz en 1970 por sus investigaciones en semillas que hicieron posible la “revolución verde”, se queja del extremismo ecologista que pretende parar los cultivos transgénicos. Sus comentarios, procedentes de su declaración ante una comisión del Congreso de Estados Unidos, fueron publicados en Los Angeles Times y reproducidos en El País (24-X-99).

(…) Creo que tenemos la tecnología agrícola capaz de alimentar a esos 8.300 millones de habitantes del 2025. La pregunta es si se permitirá utilizarla a los agricultores.

Los ecologistas extremistas de las naciones ricas parecen hacer todo lo posible para detener el progreso científico. Pocos, pero ruidosos y altamente eficaces, predicen el caos y provocan temores, frenando la aplicación de la nueva tecnología (…). Me alarman sobre todo esos elitistas que pretenden negar a los pequeños agricultores del Tercer Mundo, especialmente del África subsahariana, acceso a las semillas convencionalmente mejoradas, a los fertilizantes y a los plaguicidas que han permitido a las naciones ricas el lujo de productos alimenticios abundantes y baratos (…).

[Borlaug recuerda que los cultivos tenidos por “naturales”, como el trigo, son en realidad resultado de cruces y alteraciones genéticas espontáneas, y añade:] Gracias al desarrollo de la ciencia en los dos últimos siglos, tenemos ahora conocimientos de la genética vegetal y técnicas genéticas para hacer a propósito lo mismo que la madre naturaleza hizo en el pasado por casualidad o por designio. La modificación genética de los cultivos no es una especie de brujería; como la agricultura misma, pretende dominar las fuerzas de la naturaleza en beneficio de la alimentación de la raza humana.

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