El hambre, una catástrofe no tan natural

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Duración lectura: 2m. 39s.

El hambre no suele ser una catástrofe natural; los factores humanos son más decisivos. Ejemplo de ello es Etiopía, como explica Eleni Gabre-Madhin, investigadora del International Food Policy Research Institute, en International Herald Tribune (18 febrero 2003).

Unos 38 millones de africanos, dice Gabre-Mahdin, corren peligro de pasar hambre en 2003; de ellos, casi 14 millones están en Etiopía. Sin embargo, hace un año los agricultores etíopes tuvieron cosechas muy buenas, y el país se encontró con unos excedentes de grano superiores a medio millón de toneladas. ¿Cómo ahora hay escasez?

“Las verdaderas razones de la crisis alimentaria de Etiopía son la fuerte dependencia del clima; la falta de un sistema de seguros para compensar por las consecuencias del mal tiempo; la extrema pobreza de la mayoría de los etíopes, que no pueden protegerse de los reveses económicos; y, en último término, que no funciona el mercado”.

Todo eso explica que hayan desaparecido los excedentes del año pasado. La abundancia hizo que bajaran los precios hasta un 80%. En esa situación, “los comerciantes no disponían de financiación para comprar y almacenar grano en grandes cantidades”. Además, “el gobierno, entre otras medidas de ajuste económico, privatizó por completo el comercio de cereales a principios de los noventa, y ya no almacena ni distribuye grano”. De modo que los excedentes obtenidos en el oeste del país, más lluvioso, no llegaron al este, donde hay frecuentes sequías.

Por su parte, muchos campesinos no pudieron vender todo el grano que recogieron, o renunciaron a cosechar por la caída de los precios. La razón es también la falta de infraestructuras y de acceso al crédito. “Etiopía tiene pocas carreteras, y las que hay son muy malas; carece prácticamente de telecomunicaciones. Comerciantes y agricultores no tienen información pública de los precios del grano en las distintas partes del país. (…) No hay sistema legal para asegurar el cumplimiento de los contratos, que en la mayoría de los casos son verbales. En Etiopía, la distribución de alimentos funciona en gran parte como un mercadillo. Para efectuar una venta, los tratantes han de llevar físicamente el grano al mercado, los compradores han de estar físicamente presentes para examinar la mercancía, y el pago se realiza en metálico”. “La mayoría de los tratantes de grano tienen negocios pequeños, con muy pocos activos, y comercian solo con gente que conocen, en distancias muy cortas”.

Gabre-Madhin cuenta el caso de un tratante de grano que intentó vender excedentes en otra región del país donde no había abundancia. Por el mal estado de las carreteras, tardó dos semanas y media en recorrer 900 kilómetros. Además, parte de la mercancía se perdió a causa de los baches que fue encontrando por el camino. Más de diez veces le pararon funcionarios locales, a los que tuvo que sobornar para proseguir el viaje. Cuando llegó a su destino, no encontró ningún comprador que le diera garantías, y tuvo que vender a precio inferior al costo.