El domingo, día del Señor y señor de los días

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Duración lectura: 3m. 43s.

Los obispos españoles han renovado su petición a los responsables de la política laboral, a los empresarios y a los sindicatos para que “no cedan a la fácil tentación de eliminar poco a poco el descanso dominical, basándose en la posibilidad de una mayor producción y ampliación del tiempo libre durante la semana, con detrimento de la libertad personal, de la convivencia familiar y de otros aspectos de la vida ciudadana”.

Tres años después de publicar un documento acerca del domingo, la Conferencia Episcopal española ha vuelto sobre el tema con una nota aprobada en la reciente Asamblea Plenaria. Los obispos observan, entre otras tendencias, que se está difuminando el sentido religioso del domingo dentro del fenómeno del descanso del fin de semana, y que la actividad comercial invade cada vez más el tiempo tradicionalmente dedicado al descanso.

La nota, de cinco páginas, advierte que “es indispensable mantener la identidad del domingo aun dentro del fin de semana, por medio de una serie de signos que den testimonio de que el domingo es un día distinto, fiesta para el Señor y para los hombres”, intransferible a otro día de la semana. Para los cristianos, “entre los signos del domingo sobresale la Misa, a la que es preciso ser totalmente fieles, porque va en ello la pertenencia a la Iglesia y la conciencia de la propia identidad cristiana”. Pero junto a la Eucaristía “deben producirse también la oración en familia, las obras de caridad y solidaridad humana, el compartir la mesa y el tiempo libre, la alegría e incluso el vestido de fiesta”.

A los obispos españoles les preocupa que el domingo pierda su sentido religioso “en medio de un descanso que comienza en muchos lugares en la tarde del viernes”. Y por eso recuerdan, citando el Concilio Vaticano II, que “la Iglesia, por una tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que se llama con razón día del Señor o domingo”.

La Conferencia Episcopal hace hincapié también en las dimensiones antropológicas y culturales del domingo. “La prohibición de trabajar en los días festivos -dice- tuvo inicialmente una finalidad social, en defensa de los criados y de los campesinos. Con la industrialización empezó a peligrar el carácter festivo del domingo, pero se logró defender dicho carácter para bien de los trabajadores”.

La nota alude a la necesidad festiva del hombre, a que el domingo es continuación del sábado judío, y dice: “Como todas las fiestas, contribuye a humanizar la existencia y a recomponer la armonía interior del hombre, rota no pocas veces por el estrés y el cansancio de la vida ordinaria. Pero de esta tensión no se libran hoy ni siquiera el mismo tiempo libre y el ocio, vividos sin sosiego, con frenesí, dando lugar a excesos y formas de evasión que rompen el equilibrio psicológico y ponen en peligro a veces la vida humana”.

A esto añade que en las ciudades se han liberalizado los horarios de las grandes superficies comerciales, lo que tiene un aspecto positivo -por el incremento de actividad económica- y otro negativo, especialmente para los locales comerciales menores. Además, se recuerda que, a pesar de la recesión económica, la economía es sólo uno de los aspectos de la vida y no puede regirla por entero. “El debate de esta cuestión -dice el documento- no corresponde en exclusiva al gobierno, a la patronal y a los sindicatos, sino a la sociedad entera”. Y es un debate que se enriquecerá “en la medida en que no se limite a la ponderación de criterios meramente economicistas, sino que se abra a una reflexión sobre el significado del domingo y de las fiestas para el hombre, y a su carácter generador de comunión y de verdadero factor multiplicador de las relaciones interpersonales”.

El documento menciona también a quienes, por obligación, han de trabajar el domingo. A ellos recuerda la responsabilidad de “buscar el momento más oportuno para encontrarse con la comunidad cristiana en la celebración eucarística y de dedicar un tiempo suficiente al descanso”.

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