EE.UU., campeón mundial de productividad

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Duración lectura: 3m. 40s.

Los trabajadores de EE.UU. son los más productivos del mundo, con un valor añadido de 63.885 dólares al año por persona empleada. Les siguen los irlandeses (55.986 dólares) y los luxemburgueses (55.421 dólares). EE.UU. lleva una considerable ventaja al resto del mundo en productividad, aunque también se registra un rápido avance en Asia Oriental, donde los trabajadores producen ahora el doble que hace diez años.

Estos datos figuran en la nueva edición del informe que publica la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado Los indicadores clave del mercado de trabajo, conocidos como KILM por sus siglas inglesas.

La productividad medida como “valor añadido” es el valor de la producción total menos el valor de los insumos intermedios, tales como materias primas, productos semiacabados, servicios y energía utilizados para producirla. La productividad crece sobre todo gracias a una mejor combinación de capital, trabajo y tecnología. La falta de inversión en la formación de los trabajadores o en equipamiento y tecnología puede suponer una subutilización de la mano de obra.

Los estadounidenses destacan también en productividad porque trabajan más horas al año que la mayoría de los trabajadores de otros países industrializados. Pero si la productividad se mide por hora trabajada, es Noruega quien se coloca en cabeza (con 37,99 dólares por hora), por delante de EE.UU. (35,63 dólares) y Francia (35,08 dólares).

Los que trabajan más horas son asiáticos. En concreto, seis países de Asia (Corea del Sur, Bangladesh, Sri Lanka, Hong Kong, China, Malasia y Tailandia) superan las 2.200 horas anuales. En el otro extremo, la mayoría de los países de la Unión Europea no trabajan más de 1.600 horas anuales, sobre todo Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia.

Los niveles de productividad han aumentado en casi todas las regiones, pero el informe muestra la brecha existente entre los países industrializados y las economías en desarrollo (ver gráfico). La mayor alza de productividad se ha dado en Asia del Este, donde la producción por trabajador casi se ha duplicado en los últimos diez años.

Respecto a la participación en el mercado de trabajo, el informe indica que la tasa global de actividad de las mujeres ha descendido ligeramente en los últimos diez años (una tasa de 52,5% en 2006), debido sobre todo a una escolaridad más prolongada. En comparación, el 78,9% de los hombres son económicamente activos. También los hombres trabajan más horas que las mujeres empleadas.

Las mayores diferencias de participación laboral entre hombres y mujeres se dan en Oriente Medio, África del Norte y Asia del Sur. En las tres regiones la tasa de actividad de los hombres supera en 45 puntos a la de las mujeres.

Se observa que a más trabajo a tiempo parcial hay una mayor participación de la mujer en el mercado laboral, lo que implica que es un buen instrumento para incorporar la reserva de mano de obra femenina.

La tasa de paro mundial en 2006 fue un 6,3%, una décima menos que el año anterior, lo que confirma la tendencia a la baja de los últimos tres años. Las tasas de paro más elevadas se concentran en el África subsahariana, en Europa central y del sudeste (fuera de la UE) y en los países de la ex URSS.

Pero así como la mayoría de los trabajadores de las economías desarrolladas tienen un empleo asalariado o remunerado, en las economías en desarrollo del África subsahariana y de Asia del Sur la mayoría de los activos trabajan por cuenta propia.

Hay buenas noticias en cuanto a los trabajadores más pobres, que viven con menos de 1 dólar al día. En Asia el número de estos trabajadores pobres tuvo un descenso notable: 148 millones menos entre 1994 y 2004, con un descenso del 50%. En cambio, a causa de los malos resultados económicos del África subsahariana, el número de trabajadores pobres creció allí en 24 millones. “El aumento del nivel de productividad de los trabajadores de menores ingresos en los países más pobres es esencial para lograr reducir los enormes déficits de trabajo decente en el mundo”, ha comentado Juan Somavia, director general de la OIT.