EE.UU.: Cada vez más trabajadores retrasan la jubilación

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Duración lectura: 3m. 45s.

En EE.UU. cada vez hay más mayores de 65 años que siguen trabajando, mientras que en Europa los gobiernos intentan que los trabajadores no se jubilen antes de esa edad. Según datos recién publicados por la Oficina del Censo norteamericana, en 2006 el 28,7% de las personas mayores de 65 años se encontraban en activo, es decir, trabajaban o buscaban trabajo. A estas cifras hay que añadir las ofrecidas por la Oficina de Estadísticas laborales, que advierte de que son cada vez menos los trabajadores del sector privado que pueden acogerse a un plan de pensiones ofrecido por la empresa: en 2000 fue el 52% y en 2006, el 43%.

Washington D.C. cuenta con el mayor porcentaje de mayores de 65 años que siguen activos: el 31,8%. Esto se debe a la existencia de leyes que prohíben la discriminación laboral por razones de edad y a las ventajas que se ofrecen a las empresas que contratan los servicios de estos trabajadores.

Los datos pueden considerarse significativos y obligan a hablar de una tendencia general si se tiene en cuenta que la cifra de trabajadores que posponen la jubilación no ha dejado de crecer desde 2000, cuando el porcentaje era del 19,6%. Además, como apunta el Washington Post (12-09-2007), faltan cuatro años para que la generación del baby-boom, nacida en las dos primeras décadas de postguerra, empiece a llegar a la edad de jubilarse. Si en la actualidad el 12% de la población tiene más de 65 años, se prevé que en 2030 la proporción llegue al 20%.

La Oficina del Censo no entra a analizar por qué la gente decide retrasar la jubilación. Pero todo hace pensar que muchos trabajadores no tienen más remedio que seguir en activo si quieren mantener su economía a flote. Según Christian Wellerm, profesor de la Universidad de Massachusetts, hay que tener en cuenta el aumento del gasto médico de las personas de mayor edad, circunstancia especialmente importante en EE.UU. El seguro médico público para los mayores de 65 años, Medicare, exige a los pensionistas pagar una prima mensual por gastos no hospitalarios y medicamentos (ver Aceprensa 168/03). Al mismo tiempo, el nivel de ahorro de los trabajadores ha descendido considerablemente debido al aumento del endeudamiento familiar sobre todo en vivienda.

Mientras muchos en Estados Unidos posponen el retiro por necesidad o interés personal, en Europa los gobiernos intentan que sus ciudadanos al menos no lo adelanten, por el bien de la economía nacional. Alemania ya abordó el problema dentro de los planes de reforma de la canciller Merkel.

Por su parte, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, acaba de anunciar la reforma de las pensiones y del mercado laboral. Se prevé penalizar las jubilaciones anticipadas y gratificar fiscalmente a las empresas que contraten a personas mayores de 55 años. También pretende acabar con la situación privilegiada de parte de los trabajadores del sector público, que tienen regímenes especiales en la Seguridad Social. Son en torno a medio millón de trabajadores de los grandes monopolios públicos (electricidad, gas, transportes…). A diferencia de los trabajadores del sector privado, pueden jubilarse a partir de los 55 años, con la totalidad de la paga, tras haber trabajado al menos 37,5 años. En resumen, pueden jubilarse antes, con menos años de cotización y cobrando más.

Todos los intentos de gobiernos anteriores por acabar con estos privilegios provocaron huelgas de estos sectores, capaces de paralizar el país, y al final todo quedó en nada. Ellos justifican su estatus particular por el carácter más “penoso” de su trabajo. Para Sarkozy, en cambio, “han desaparecido las diferencias que justificaban tal o cual ventaja particular”. El pulso no ha hecho más que empezar.

La reforma de las pensiones está poniendo a prueba también la frágil mayoría del gobierno de centro-izquierda de Prodi en Italia. El gobierno creía haber resuelto la cuestión del aumento progresivo de la edad de jubilación (de 57 a 60 años desde ahora hasta 2011), gracias a un protocolo de acuerdo firmado con los sindicatos el pasado julio. Pero el acuerdo acaba de ser rechazado por la federación del metal, el sindicato más fuerte dentro de la Confederación General Italiana del Trabajo, la central más importante del país. Un golpe más que revela la falta de apoyo al gobierno entre los mismos sectores de izquierda.