De la batalla de El Cairo a la paz de Copenhague

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Si en la Conferencia de El Cairo la Santa Sede fue la punta de lanza de los críticos contra el proyecto de plan de acción sobre la población, en la Conferencia de Copenhague sobre desarrollo social (6-12 de marzo) promete su apoyo a las propuestas. Así lo puso de manifiesto el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, al explicar en una conferencia de prensa el pasado 28 de febrero la postura que defenderá la delegación de la Santa Sede en este acontecimiento.

Navarro-Valls explicó que, en conjunto, los documentos de Copenhague “representan una serie de ideas y de propuestas operativas válidas”, aunque “en algunos puntos son susceptibles de mejora”. Incluso comentó que se advierte en ellos “una profunda sintonía con la doctrina social de la Iglesia”. Navarro recordó que con ocasión de la Conferencia de El Cairo la Santa Sede manifestó repetidamente “la exigencia de afrontar los problemas del desarrollo de un modo global y a la vez audaz, en vez de dedicar a los complejos problemas relacionados con la pobreza una atención sectorial, reductiva y a veces muy ideologizada. La cumbre mundial de Copenhague responde a este enfoque”. En suma, preocupémonos del desarrollo y no pensemos sólo en frenar el crecimiento demográfico con cualquier medio.

La Santa Sede, que ha participado en las tres sesiones preparatorias de la conferencia, ha contribuido a la elaboración de los dos documentos que serán debatidos en Copenhague: una Declaración y un Plan de Acción para luchar contra la pobreza, aumentar el empleo productivo y favorecer la integración social.

En las ideas y propuestas de Copenhague, dijo Navarro-Valls, se encuentran ecos de las recientes encíclicas sociales como la Centesimus annus. Entre otras cosas, el hombre es considerado el centro del desarrollo y se reconoce a la familia como unidad básica de la sociedad. También se admite que la justicia social es elemento indispensable para alcanzar la paz dentro de una sociedad y entre los pueblos.

La delegación de la Santa Sede dedicará una atención particular a los derechos de los inmigrantes, a la promoción y a la tutela de los derechos humanos de la mujer y a su participación en el liderazgo social. También quiere contribuir a buscar el consenso sobre la disminución de los gastos militares y sobre la reducción, hasta su cancelación, de la deuda exterior de los países menos desarrollados.

La delegación de la Santa Sede, presidida por el Secretario de Estado, Card. Angelo Sodano, está dirigida por Mons. Diarmuid Martin y uno de sus miembros es el portavoz Joaquín Navarro-Valls. Entre las cuatro mujeres que forman parte de la delegación, figura Hanna Suchocka, ex primera ministra de Polonia.

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