Cuando la ética es un buen signo en los negocios

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Duración lectura: 4m. 42s.

Los escándalos de Enron y otras compañías en EE.UU. han mostrado que olvidarse de la ética puede convertirse también en un mal negocio. Por eso ganan atractivo los fondos de inversión que aseguran tener en cuenta los criterios éticos y sociales de las empresas en que invierten. Erika Kinets describe esta tendencia en International Herald Tribune (22 septiembre 2002).

El artículo parte del dato de que “los activos en los fondos de inversión normales bajaron un 9,5% en el primer semestre del año, mientras que los activos de los llamados fondos socialmente responsables aumentaron un 3%”.

“En un mercado que cada día parece encontrar nuevos modos de repeler a los inversores, los fondos socialmente responsables están creciendo. Y mientras la ética se marchita en algunos sitios, en ese pequeño y peculiar rincón del mercado de valores en el que Greenpeace y Greenspan coinciden, una nueva cultura ética está desarrollándose”. ¿Cómo explicarlo? “Inversores ahuyentados por los engaños empresariales buscan algo en lo que puedan poner su confianza, y ahora que un creciente número de fondos socialmente responsables están teniendo buenos rendimientos, ser rentable ya no parece incompatible con hacer el bien”.

Pero indagar acerca del carácter moral de una compañía o fondo sigue siendo una tarea difícil. “La responsabilidad social significa cosas distintas para diferentes personas. Algunos fondos socialmente responsables se adhieren a la ley islámica, sharía, que prohíbe cobrar intereses. Otros descartan empresas que venden armas o tabaco. Otros, como el Jupiter Ecology Fund, uno de los más antiguos y rentables fondos socialmente responsables en Gran Bretaña, invierten en empresas que promueven activamente las causas medioambientales y el bienestar social. Y también están los que hacen hincapié en el activismo de los accionistas”.

“El pasado año, según el Social Investment Forum, 230 fondos de inversión en EE.UU. utilizaban criterios éticos y sociales, y gestionaban 153.000 millones de dólares, mientras que en 1995 en esta categoría había 55 fondos que manejaban 12.000 millones. Socialfunds.com, una página web dedicada a la inversión socialmente responsable, contaba 160 fondos de ese tipo en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Suecia y Suiza en 2001, mientras que en 1996 había 60.”

“Uno de los motivos del crecimiento es que los inversores ya no tienen que elegir entre conciencia y rentabilidad”. De hecho, los datos aportados en el artículo muestran que, si se mira más allá del corto plazo, la rentabilidad de los fondos socialmente responsables está dentro del promedio de los fondos. “Morningstar Inc. examinó la rentabilidad a lo largo de cinco años de 152 fondos socialmente responsables en EE.UU. y los comparó con los resultados de los otros fondos en una determinada categoría de inversión. Por término medio, los fondos socialmente responsables estaban hacia la mitad de la tabla”.

Los escépticos, como el analista financiero Bill Blevins, director de Blevins Franks International, en Londres, piensan que “la auténtica inversión con criterios éticos es difícil de encontrar. En muchas empresas hay cosas buenas y cosas malas, como en muchas personas”.

Sin embargo, afirma la autora del artículo, “los problemas de Enron y de otras compañías han convencido a muchos inversores de que la ética es un aspecto central en los negocios, y no algo que distrae de ellos”.

Smith, del Social Investment Forum, lo explica así: “Con la lógica antigua uno se preguntaba: ‘¿Tengo que mezclar mis valores personales con mi fondo de pensión? ¿Cómo afectará eso a la rentabilidad?’. En cambio, la nueva forma de verlo es: ‘Por supuesto, hay que tener en cuenta la ética en las decisiones de inversión, porque eso afectará al balance final’”.

El éxito de un fondo socialmente responsable, como el de cualquier otro fondo de inversión, depende de una buena gestión. “El siguiente paso para elegir un fondo -identificar un fondo o empresa que comparta tus valores y que realmente practique lo que predica- se complica por el hecho de que lo ‘socialmente responsable’ se ha convertido en una marca. Fondos que adoptan este etiqueta puede que no funcionen de acuerdo con sus propios principios, mientras que otros fondos que no la utilizan pueden invertir en actividades no objetables”.

“La proliferación de fondos socialmente responsables ha atenuado uno de los mayores inconvenientes de este nicho de mercado: la falta de diversificación. Pero todavía se advierte un sesgo sectorial y geográfico. Hay pocos fondos centrados en Asia o Latinoamérica, y los sectores industrial y químico están poco representados”.

Aparte de la menor diversificación, que aumenta el riesgo, “los inversores deben tener también en cuenta que los fondos socialmente responsables suelen tener mayores costes de gestión, por la investigación adicional que necesitan hacer. Otro problema es que incluso las empresas que se molestan en someterse a una auditoría social pueden no presentar su imagen completa”.

“La verificación es un problema a todos los niveles”, afirma uno de los expertos citados. “Si vas a China, y haces una auditoría social, hablas con el jefe en la fábrica y miras en los cajones. Pero eso no significa nada. Tienes que hablar con los empleados, fuera de la fábrica, y eso no se hace”.

“En los últimos diez años, se han publicado unos 2.500 informes sobre el comportamiento social, ambiental o ciudadano de empresas. Aunque examinar a fondo los datos de esos informes puede ser revelador, esos informes no han sido auditados, no son obligatorios ni estandarizados”.