Cinco países destinan el 0,7% del PIB a ayuda al desarrollo

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Dinamarca ha alcanzado un récord histórico en 2000 al destinar a la ayuda oficial al desarrollo (AOD) el 1,06% de su producto interior bruto (PIB). Otros cuatro países están en el 0,7%, según el objetivo marcado por la ONU hace treinta años: Holanda (0,82%), Suecia (0,81%), Noruega (0,80%) y Luxemburgo (0,70%). En la tabla se da luego un largo salto hasta la franja de 0,3%, en la que figuran Bélgica, Suiza, Francia, Finlandia, Reino Unido e Irlanda. Los demás Estados que forman el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), dentro de la OCDE, se sitúan en el tramo del 0,2%, que cierra España con 0,24%. Sigue siendo llamativo que Estados Unidos, la primera potencia del mundo, dedique sólo el 0,1% de su PIB a ayuda al desarrollo.

Si se comparan estos datos con el índice de Transparency International sobre honestidad y corrupción en las relaciones comerciales, resulta que, entre los diez países con más ética figuran los que contribuyen con al menos el 0,7% de su PIB a la ayuda al desarrollo: Dinamarca, Suecia, Holanda y Noruega. A la cabeza siguen Finlandia (9,9 sobre 10) y Dinamarca (9,5). España ha bajado del puesto 20 al 22, con nota de 7, tras Chile, Irlanda, Alemania y Japón, y por delante de Francia, Bélgica o Italia. Entre los peores, Rusia (2,3), Ucrania (2,1), Kenia (2), Indonesia (1,9), Nigeria (1). Casi dos tercios de los países están por debajo del aprobado raspón.

En conjunto, la AOD puede considerarse estabilizada, a pesar de que, al final de los novecientos, los países industrializados han conocido una época de crecimiento económico sostenido. Las ayudas en dólares han disminuido: de 56.400 millones de dólares en 1999 a 53.100 millones en 2000. Aunque, propiamente, el descenso está determinado por la debilidad de la mayor parte de las monedas nacionales ante la divisa norteamericana.

No obstante, el CAD ha acordado diversas recomendaciones a los Estados miembros, dentro de sus compromisos de reducir la pobreza en el mundo. Las recomendaciones son ayudar a los países en desarrollo a hacer frente al desafío de la globalización y de la era digital, y luchar decididamente contra el SIDA y las demás enfermedades que constituyen un riesgo letal para amplias capas de la población del Tercer Mundo.

Más importante, en la práctica, puede ser otra decisión tomada por el CAD en abril pasado: desvincular la ayuda al desarrollo. Esto significa que las donaciones y préstamos para financiar proyectos de desarrollo no estarán condicionados a que el país receptor compre bienes o servicios a empresas del país donante.

Durante la pasada década, alrededor de un tercio de la AOD de los países del CAD ha sido condicionada. La ayuda condicionada supone una subvención encubierta de los países ricos a sus propias industrias y exportaciones. Además, distorsiona la competencia y obliga a los países receptores a pagar más por los bienes o servicios así importados.

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