Cambios en la cultura japonesa del trabajo

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Desde 1990 el crecimiento económico de Japón ha sido casi nulo. Cinco años de recesión han provocado numerosos despidos y nuevos sistemas de promoción en la empresa. La comprensible desconfianza que se ha despertado en los ciudadanos respecto al sistema laboral está modificando la típica cultura empresarial vigente hasta ahora.

Según la revista Newsweek (25-III-96), aunque parezca increíble, un gran número de japoneses están disfrutando de la crisis: obligados por sus empresas a trabajar menos horas, se toman vacaciones que aprovechan para pasar en casa junto a su mujer y sus hijos. La tradicional cultura empresarial está dando paso a una actitud más flexible ante el trabajo. Como muchas empresas no pueden asegurar el empleo de por vida, los trabajadores jóvenes ya no están dispuestos a hacer tantos sacrificios por la empresa, y valoran más otros intereses distintos de los laborales.

Dentro de las empresas también se está fraguando una revolución: hace pocos años, el único criterio de promoción era la antigüedad; hoy bastantes empresas han adoptado un sistema de méritos que termina excluyendo a los trabajadores menos competentes. Y muchos empleados de más de 50 años han tenido que abandonar la empresa o trasladarse a filiales, con peores salarios. En vista del panorama inestable, los jóvenes prefieren disfrutar del presente antes que buscar un ascenso rápido. Un estudio realizado por el Instituto Hakuhodo muestra que el 68% de los hombres japoneses de 30 a 40 años prefiere trabajar en un puesto tranquilo y con tiempo para el ocio que asumir un cargo de responsabilidad, con más ingresos y poco tiempo libre.

También la cultura post-laboral japonesa está cambiando. Durante muchos años ha sido habitual reunirse, tras la jornada, con los mismos colegas de trabajo para conversar y descansar. Pero las nuevas generaciones desean pasar las tardes con los amigos, y no tanto con los colegas. Un directivo de 49 años se lamenta: “Los nuevos empleados de mi departamento parecen pensar que salir conmigo a tomar algo es hacer horas extras. En seguida me dicen que tienen otros planes”. Otra tradición que se está abandonando es hacer viajes colectivos de los trabajadores de una empresa para que se compenetren: éstos no entienden por qué perder un fin de semana soleado con el jefe en vez de aprovecharlo para descansar del trabajo. Para Kuniko Inoguchi, economista de la Universidad de Sofía (Tokio), lo que está ocurriendo es una “suave revolución democrática, porque la gente está clamando contra una estructura de poder que se consideraba insuperable… Muchas de esas instituciones ya han cumplido su papel. Ahora están caducas”.

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