Los préstamos chinos, un arma política

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Construcción de una línea ferroviaria en Mozambique a cargo de una empresa china, septiembre 2019 (foto China Daily)

Construcción de una línea ferroviaria en Mozambique a cargo de una empresa china, septiembre 2019 (foto: China Daily)

 

Cada vez más dependientes de China para su financiación, numerosos países de rentas medianas y bajas sucumben a su influencia política. Un reciente estudio internacional de investigadores de distintos países, del que informa Le Monde (29-09-2021), muestra la amplitud de este endeudamiento que repercute en la geopolítica mundial.

En el curso de los dos últimos decenios, las donaciones y préstamos de China a 163 países de rentas medianas y bajas han alcanzado una media de 85.000 millones de dólares anuales, es decir, el doble de las sumas proporcionadas por EE.UU. y otras grandes potencias en ese periodo. El importe de la deuda con China supone ya más del 10% del PIB en 42 países en vías de desarrollo.

Estas estimaciones son el fruto de un informe realizado por AidData, un grupo de investigación de la universidad pública americana William & Mary (Virginia),  que ha examinado más de 91.000 documentos oficiales de 13.427 proyectos financiados por Pekín.

Según estos investigadores, en el curso de los dos últimos decenios, China ha proporcionado 843.000 millones de dólares a 163 países, en donaciones y sobre todo en préstamos. A diferencia de la ayuda al desarrollo de los países ricos, cuya financiación es en su mayoría en forma de donaciones y préstamos a tipos de interés reducidos, la ayuda china es sobre todo mediante préstamos a interés comercial.

Las tasas de interés de los préstamos chinos son a veces elevadas, pues China “presta de manera desproporcionada a países de solvencia dudosa”, dice el informe. Por ejemplo, Pakistán ha recibido préstamos de China a una media de interés del 3,76%, mientras que un préstamo típico de la OCDE suele ser al 1,1%.

Pekín puede exigir de esos países que suscriban un seguro, o pedirles el depósito de un tercio del importe o la garantía de un activo para protegerse de riesgos. Aunque no ejecute estas garantías, China puede obtener ventajas geopolíticas. Así, cuando Sri Lanka fue incapaz de devolver una deuda en 2019, la explotación del puerto de Hambantota, etapa importante del tráfico marítimo en el Océano Índico, fue adjudicada a una sociedad china por 99 años.

Favores y opacidad

En la mayoría de los casos los prestamistas chinos exigen que una suma equivalente a una parte del préstamo sea depositada en una cuenta bancaria offshore, de modo que, en caso de impago, pueden recuperar esa suma sin pasar por los tribunales.

Cuando los gobiernos de países superendeudados no tienen capacidad de pedir más préstamos, China les propone otras fórmulas. Por ejemplo, presta a empresas o a organismos paraestatales –con créditos que no figuran en las cuentas públicas–, pero reclamando garantías del Estado. Más de dos tercios de los préstamos analizados por el informe son atribuidos a joint ventures o a entidades que no dependen directamente de los gobiernos. A la menor crisis, estas deudas privadas pueden transformarse en deudas públicas. Por eso en 2020 China reclamó al gobierno de las Maldivas la devolución de un préstamo fallido de un hombre de negocios, que le había sido concedido con garantías del Estado.

Según el último balance del Fondo Monetario Internacional, 36 países rozan la suspensión de pagos o están ya en ella, y 47 se han beneficiado de una moratoria del servicio de la deuda en el marco del G20. China, que en el espacio de treinta años se ha convertido en el primer acreedor mundial, podría sacar partido de la fragilidad de muchos de estos países. Le Monde recuerda que cuando en 2019 China trataba de imponer su candidato al frente de la FAO, discretamente anuló la deuda de 70 millones de dólares de Camerún, que poco después retiró a su candidato.

La opacidad de los préstamos chinos complica los procedimientos de reestructuración colectiva de deudas. Como Pekín exige que los importes sean confidenciales, los acreedores de un país al borde la suspensión de pagos ¿cómo pueden evaluar su solvencia o su capacidad de devolución? Además, esta opacidad socava también la transparencia exigible en una democracia, pues los gobiernos han de ocultar a sus contribuyentes las sumas que deberán devolver más pronto o más tarde.

En 2020 China se comprometió por primera vez a colaborar con el Club de París, espacio de discusión entre acreedores oficiales y países con dificultades de pago, para renegociar de forma coordinada las deudas. Pero los resultados aún están por verse.

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