Tailandia: el vicio como lastre

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Duración lectura: 3m. 24s.

La situación de Tailandia muestra cómo el empuje de un país resulta afectado por el consumo de drogas, la violencia juvenil y el comercio del sexo. Así lo reflejan dos reportajes publicados en International Herald Tribune (16-09 y 25-08-2010).

Que la sociedad tailandesa -y en especial su juventud- está enferma lo señalan indicadores tan significativos como la alta tasa de alcoholismo, el creciente abandono escolar, el incremento vertiginoso del consumo de drogas, la escalada de violencia entre bandas juveniles o la omnipresencia de locales dedicados a la prostitución. Pero algunas medidas tomadas recientemente por el gobierno nacional invitan a pensar en un cambio.

Pattaya, a dos horas en coche desde Bangkok, capital de Tailandia, es una ciudad donde el comercio sexual se ha convertido en el principal reclamo -por no decir único- de cara al turismo. De hecho, durante los años setenta era normal que se ofreciera a los extranjeros que llegaban al aeropuerto de Bangkok una surtida oferta de “mujeres de compañía”, por supuesto en Pattaya. Hoy en día ya no se entregan estos folletos, pero eso no significa que haya decrecido este tipo de turismo, más bien al contrario. Hasta tal punto, que las autoridades de esta ciudad están empezando a implementar una serie de reformas encaminadas a limpiar el prestigio de la ciudad.

Por desgracia, Pattaya no es una excepción en Tailandia, sino una muestra más de la degradación social que está sufriendo el país, a la vez que -paradójicamente o no- aumenta cada año el PIB, que para este ejercicio se espera que crezca un 7,5%.

Otro ejemplo es Na Chueak, al noreste del país. Esta ciudad ha sido noticia por las peleas entre bandas juveniles. Pero el problema es mucho más profundo: a la violencia se unen el alcoholismo, el impresionante incremento en el consumo de drogas -en especial de las metanfetaminas, de las que Tailandia ya tiene el mayor número de adictos en todo el mundo-, la profunda desconfianza hacia unas instituciones a las que se considera corruptas y el abandono escolar creciente, en muchas ocasiones relacionado con la maternidad precoz entre adolescentes.

La mayor parte de estos problemas pueden extrapolarse al conjunto del país. Un botón de muestra es el empobrecimiento del sistema educativo. El pasado junio, varios medios tailandeses dieron a conocer que se había obligado a los profesores de high school a examinarse de las materias que impartían, y que muchos de ellos habían suspendido.

Por si fuera poco, la poca estabilidad de los gobiernos -cinco cambios de primer ministro en otros tantos años- no facilita la puesta en marcha de soluciones.

¿Cambio?

Ante este panorama tan desalentador, la decisión del gobierno tailandés de remozar el aspecto de Pattaya, para atraer a un tipo de turismo no tan orientado hacia el comercio sexual, puede entenderse como un primer paso hacia el cambio. Ya han sido puestas en marcha algunas medidas, centradas más que en evitar la prostitución callejera en promocionar otro tipo de actividades. Además, el gabinete nacional está pendiente de aprobar un paquete de propuestas dirigidas a modernizar la ciudad, como la construcción de un monorraíl para evitar los atascos tan frecuentes en sus calles o la construcción de una línea de alta velocidad que una Pattaya con Bangkok.

Nadie en Pattaya cree sinceramente que la prostitución vaya a desaparecer de las calles a corto plazo. Es más, la voluntad por parte de las instituciones no es inequívoca a este respecto. Niti Kongrut, director de la delegación en Pattaya de la oficina de turismo tailandesa, afirmaba recientemente que esperar esa desaparición es pura fantasía: “No podemos eliminar los go-go bars. Es un país libre. Además, da dinero”.

No obstante, algunos turistas ya han empezado a apreciar un cambio. La sensación es que poco a poco la ciudad deja de estar tan directamente orientada hacia el comercio sexual.