“Una sola cabeza no levanta el tejado”

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Duración lectura: 5m. 53s.

El fuerte sentido de la solidaridad en el seno de la familia extensa sostiene la sociedad africana, explica Odilo Cougil Gil en un artículo (“África: la familia es la solución”) para la revista “Manos Unidas” (julio-septiembre 2006), publicada por la ONG del mismo nombre. Seleccionamos algunos párrafos.

«La familia nuclear al estilo europeo no existe en África como una unidad independiente. La familia es extensa y comporta todos los parientes a los que nosotros daríamos nombres como primos, yernos, tíos, abuelos, suegros, etc. En la familia africana se les conoce simplemente como: padre o madre (padre o madre mayor, pequeño, etc.) y hermanos de alguno o de algunos. Así la familia extensa es la unidad básica de solidaridad extendiéndose en todas las direcciones de generación, de alianza o de adopción; es también el espacio físico, humano y religioso en que se recibe la vida, que proviene de Dios a través de los antepasados y se le posibilita el crecimiento y el ejercicio del papel de cada individuo que configura el grupo».

En la tradición africana, prosigue el artículo, parte esencial de la educación de los hijos es inculcar en cada uno «su sentido de pertenencia (…) a una familia extensa en la que vive y a unos descendientes que vendrán después. Este sentido va muy unido al de solidaridad para con todo el grupo, las prácticas de apoyo mutuo como dicen los proverbios: “cyala cibodzi sicipa nzabwe” (una sola uña no mata la pulga) o “mutu umodzi susenza denga”: una sola cabeza no levanta el tejado de la casa (el tejado se hace en el suelo y sólo después, transportado sobre la cabeza de muchas personas, es colocado sobre las paredes de la casa). Aquí se aprende la comunidad de la vida, dentro de la familia extensa, el clan y la tribu.

»Luego viene la formación de la voluntad para el trabajo y la responsabilidad individual y colectiva. Un acto individual puede manchar a toda la familia, al clan y al antepasado, por eso se dice: “fali kelen ye mugu dun, ka fali bèe da diya”, que quiere decir: un solo asno comió la harina y a todos los asnos se les puso el hocico blanco».

Parientes parásitos

Entre los problemas que afectan a la familia africana, señala más adelante el autor, uno de los «que más se están haciendo notar en la actualidad es el llamado “parasitismo”. La solidaridad con el hermano es obligada. Por eso se dice que en África es difícil llegar a ser rico: cuando uno accede a una situación desahogada, enseguida se encuentra con una multitud de parientes que piden ayuda o vienen a vivir con él. En las ciudades, en donde se vive de un sueldo, en apartamentos pequeños, comprando todo lo que se necesita para hacer la comida, vestirse, transporte, escuela, etc., el sueldo, frecuentemente, no da más que para mantener a pocos y cualquier aumento del número de agregados, que llegan a la ciudad sin salario, crea serios problemas. Éstos son los llamados “parásitos” que llegan a la ciudad, que no trabajan y no quieren hacer otra cosa que pasear. En cierta ocasión, el presidente Nyerere de Tanzania hizo frente a este problema públicamente y lo resolvió con un proverbio: “Al huésped, el primer día se le ofrece pollo para comer; el segundo día, un pescado; y el tercer día, una azada para ir a trabajar”.

»En este mismo sentido, hay que considerar una forma errónea de la solidaridad dentro de la familia: el tribalismo, que lleva a la corrupción haciendo que quien llega al poder “favorezca”, por todos los medios, a los de su familia y de su clan. Hace años en Ruanda (país de las mil colinas) se decía: “En Ruanda son necesarios mil ministerios para que cada uno favorezca a su colina (clan)”. El tribalismo fue causante de muchos desórdenes y guerras en algunos países. Este problema se puede producir en todas las instancias políticas, económicas e incluso religiosas. No tiene fácil solución mientras prevalezca el estado de necesidad que se vive actualmente.

»Sin embargo, estos puntos difíciles de la familia africana no deben ocultar la realidad de la propia familia extensa, que continúa siendo la única capaz de acoger, dar seguridad y un lugar decente a tanta gente a quien la sociedad excluye, rechaza o abandona en la miseria».

El sida

«Cuando llegó la escolarización y la gente se dio cuenta de su necesidad en el mundo moderno, las familias enviaron a los niños a la escuela; pero, durante mucho tiempo, no vieron ni la necesidad ni la conveniencia de enviar a las niñas, creando así una discriminación que todavía se hace notar en la actualidad. Con la aparición del sida, son las niñas las más perjudicadas porque tienen que abandonar la escuela para cuidar de sus familiares enfermos, o de sus hermanos cuando sus padres fallecen, perdiendo la posibilidad de estudiar y hacer una carrera. Con la falta de escolarización y formación, las mujeres se han convertido, en muchas partes, en el colectivo más vulnerable no sólo a las enfermedades sino también a la explotación. De hecho, la brecha de género en las escuelas del África subsahariana sigue siendo alta con un promedio de 6 puntos, aunque en algunos países es mucho mayor.

»El sida aumenta más rápidamente entre las mujeres, que representan ya el 57% de las nuevas personas infectadas, y su riesgo de infección es tres veces más alto que el de los hombres. Las causas de su vulnerabilidad son, sobre todo, la falta de formación, la sumisión obligada, el no poder decir “no”, la dependencia económica, algunas costumbres socioculturales y jurídicas, etc.

»Creo que se puede decir que mucha gente no encuentra respuesta a las situaciones problemáticas actuales en la tradición. Por otra parte, todavía no se ha encontrado el método y el ritmo adecuados para hacer progresar la tradición de manera que ciertas costumbres como el levirato, cierta sumisión femenina, la escisión, ciertas ceremonias para terminar el luto, etc., puedan ser substituidas por otras, evitando así muchas posibilidades de contagio de sida y de otras enfermedades. Es verdad que se está haciendo mucho para que la tradición se desarrolle en contacto con los tiempos modernos, aunque los jóvenes quieran ir más deprisa y los mayores quieran retardar el progreso. Es dentro de la familia donde cada uno encuentra la cohesión, aunque ésta esté desgarrada por las separaciones de la emigración o de la dispersión de sus miembros en busca de empleo en las ciudades o en los diferentes lugares de la administración».