Sudáfrica: pobres nacionales contra pobres inmigrantes

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Johannesburgo. El reciente estallido de violencia contra inmigrantes en Sudáfrica ha puesto ante la opinión pública internacional un problema que se ha acentuado en estos días pero que no es nuevo. Más de 20 inmigrantes fueron asesinados, centenares resultaron heridos y más de 20.000 desplazados se encuentran en este momento viviendo en tiendas de campaña, y muchos dependen de la caridad de organizaciones, iglesias y voluntarios.

Las razones que se encuentran detrás de este problema son variadas y, de hecho, los que opinan no se ponen de acuerdo más que en un solo punto: ¿por qué el gobierno no se ha movido con más rapidez para atajar esta crisis? Ante este espectáculo muchos sudafricanos no se quedaron indiferentes: personas y empresas donaron dinero, además de comida y ropa, o trabajaron como voluntarios para aliviar el sufrimiento de tantas familias.

Organizaciones internacionales y líderes del gobierno han repudiado estos actos xenófobos y han hecho un llamamiento a los perpetradores para que entren en razón. Hay que frenar esta violencia que va en contra, no sólo de las personas, sino también de la economía e imagen del país, que se prepara para el Mundial de fútbol que se celebrará en 2010 y está haciendo un sostenido esfuerzo para bajar los índices de delincuencia.

Una historia restrictiva

Sudáfrica tiene una historia restrictiva en materia de inmigración. Ya desde la época del apartheid los inmigrantes africanos eran vistos como un peligro para la estabilidad del país. Para los blancos el ingreso no era tan restringido. La ley sobre “control de extranjeros” de 1991 establecía un criterio de selección por raza y religión para entrar al país, no reconocía las legislaciones internacionales sobre el derecho de asilo, y reforzaba la legislación restrictiva para la entrada de mano de obra. Al mismo tiempo se hizo un nuevo esfuerzo para expulsar a los inmigrantes ilegales venidos de los países vecinos, especialmente de Mozambique, flagelado por una larga guerra. La ley fue efectiva y miles de mozambiqueños fueron deportados.

Después de 1994, cuando se instauró la democracia, las políticas de inmigración no cambiaron mucho. El país estaba en un proceso de construcción de la identidad nacional, y no se preocupó de los inmigrantes. El primer cambio llegó en 1998, con la ley de asilo para refugiados africanos provenientes de países en guerra o en situaciones difíciles.

En 2002 se aprueba una nueva ley de migraciones, que favorece especialmente la entrada de personas que puedan ofrecer capacitación a los nacionales. La razón es que en los primeros años de democracia, muchas personas cualificadas emigraron, dejando una Sudáfrica “en construcción” con un gran déficit de gente capacitada. El gobierno creó programas para acelerar el proceso de capacitación de las personas más desaventajadas. Pero ¿quién les iba a capacitar si los que tenían los instrumentos intelectuales se fueron? Así es que se trató de favorecer la entrada de inmigrantes con estas características.

Xenofobia popular

¿Pero de dónde viene la xenofobia del pueblo? Esta actitud es un sentimiento generalizado especialmente entre la población negra sudafricana de bajos o medios recursos, que ve al inmigrante proveniente de otros países africanos como un competidor para los escasos puestos de trabajo. El desempleo en este momento alcanza casi a un 25% de la población. Los problemas de vivienda, sanidad y educación, y también el flagelo del sida afectan de modo especial a los más pobres. Aunque Sudáfrica tiene actualmente un 5% de crecimiento económico, la mayoría de la gente no nota sus beneficios todavía.

Además, en el sector del servicio doméstico muchas veces se prefiere a personas de otras nacionalidades, a las que se considera más trabajadoras y honestas. A menudo ocurre que el sudafricano quiere sacar provecho de su situación, muchas veces faltan cosas de la casa o simplemente después de un tiempo de estar insatisfecho, prueba suerte para sacar “algún beneficio legal” (también se entiende, en parte, por lo mal pagados que están estos servicios y la ostentación en que viven muchos de los que les emplean). Obviamente esto no ocurre con todo sudafricano, pero el problema es que se ha creado esta fama.

Otro gran problema es la criminalidad, que en Sudáfrica causa la muerte de unas 50 personas al día. Una de las causas de las recientes violencias es que los habitantes sudafricanos de los barrios donde viven los inmigrantes achacan el problema del crimen a los extranjeros, pues dicen que son los que traen la droga y las armas de fuego desde otros países. También les ha enfurecido la distribución de viviendas para las que compiten los inmigrantes. El gobierno está intentando poner solución a este problema de cubrir necesidades básicas, pero la realidad es que no da abasto.

Inmigración clandestina

Pero ¿por qué de repente estos ataques inhumanos? Hay factores objetivos: los inmigrantes son muchos y la inmigración clandestina se registra ya desde hace décadas. Si antes preocupaba la inmigración de mozambiqueños que escapaban de la guerra de su país, ahora el problema es mayor por la situación de otro país lindante, Zimbabue. Se calcula que en este momento hay unos 3 millones de inmigrantes, entre legales e ilegales. Entre ellos también hay profesionales con títulos universitarios que terminan trabajando de jardineros o de lo que pueden. Es gente que ha perdido absolutamente todo, a veces familia incluida.

Los puntos de entrada al país con los países limítrofes no se encuentran bajo control y hay mucho tráfico clandestino de inmigrantes.

Los ataques violentos contra inmigrantes no son una novedad, aunque ahora hayan alcanzado una gravedad que ha atraído la atención internacional. Hay quienes piensan que estos movimientos son instigados por motivos políticos, pero son comentarios sin fundamento. Otros dicen que la población ha tomado en sus manos un problema que el gobierno no quiere afrontar. La gente de escasos recursos está acostumbrada aquí en Sudáfrica a tomarse la justicia por su mano.

Desde fuera se ve una relación entre la ignorancia y la falta de dignidad humana con que viven los pobres y su forma de actuar. En parte, tratan a los otros como ellos fueron o son tratados.

El tema es difícil de resolver. Por el momento una solución práctica que ha establecido el presidente el 23 de mayo ha sido crear una comisión mixta de la policía y el ejército para coordinar los esfuerzos y contener a las masas violentas. También ha agradecido a las diferentes organizaciones el trabajo que están realizando para aliviar la situación de los damnificados.

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