Nigeria: el nuevo Jefe de Estado inaugura un espíritu conciliador

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Duración lectura: 2m. 48s.

Lagos. Un día después de la muerte del general Sani Abacha (8 de junio), su sucesor en la presidencia de Nigeria, el general Abdulsalam Abubakar, ordenó la inmediata puesta en libertad de nueve prominentes presos políticos.

Entre ellos se encuentra el general Obasanjo, ex jefe de Estado, encarcelado con otros por una supuesta conspiración contra Abacha. Tres semanas más tarde, Abubakar liberó a otros detenidos políticos. Se cree incluso que puede haber una amnistía general, y se ha anunciado ya la puesta en libertad, con condiciones, de Moshood Abiola, ganador de las anuladas elecciones presidenciales de 1993.

En cualquier caso, es claro que Abubakar ha adoptado un nuevo estilo de gobierno, más acorde con el núcleo del mensaje que dejó Juan Pablo II en su visita del pasado marzo: reconciliación. Sobre Nigeria pesa una espesa atmósfera de desconfianza, en especial entre los distintos grupos étnicos.

En su primer discurso a la nación, Abubakar subrayó la necesidad de reconciliación, pidió el apoyo de todos los nigerianos e invitó a los que están en el exilio a volver a casa para reconstruir el país. Aunque nadie lo tomó en serio entonces, la liberación de los presos políticos le ha merecido cierto crédito.

Ahora el meollo de la cuestión es cómo lograr que el país vuelva al régimen civil. El general Abacha había empezado un programa de transición que preveía el fin del gobierno militar para el 1 de octubre de 1998. Pero no había candidatos civiles a la presidencia, porque todos los partidos habían adoptado a Abacha como su candidato.

Ahora, muchos nigerianos quieren que Abiola sea erigido presidente. Pero esa solución no tiene justificación legal, pues de las elecciones de 1993 no salió ningún ganador: aunque Abiola llevaba clara ventaja, el escrutinio no llegó a ser completado.

Para buscar soluciones duraderas, el nuevo presidente se ha entrevistado con nigerianos de todos los sectores: críticos de Abacha, activistas demócratas, periodistas, antiguos políticos… El clima de la opinión pública ha cambiado drásticamente. Lo que los periódicos publican hoy en grandes titulares nunca habría aparecido bajo el régimen de Abacha. El mismo Abubakar ha animado a los nigerianos a proponer abiertamente sus ideas y ha asegurado que nadie será perseguido por manifestar su opinión. Queda por ver cuánto durará esta libertad.

Desengañados de tantos militares, los nigerianos se resisten a confiar en el nuevo mandatario. Es bien sabido que cuando un militar sucede a otro militar impopular, lo habitual es que libere a presos encarcelados por el predecesor, en un intento de ganarse al pueblo y de resaltar la diferencia con el general anterior. Por eso, muchos no ven nada de particular en la trayectoria seguida hasta ahora por Abubakar. La prueba final de su sinceridad podría ser la liberación de Abiola.

A falta de nadie mejor en quien confiar, los nigerianos están ahora dispuestos a colaborar con Abubakar, que ha prometido dar paso cuanto antes a un gobierno elegido democráticamente. Ya está sacando al país del aislamiento internacional, entrevistándose con líderes de otros países. Por primera vez desde hace mucho tiempo, los nigerianos empiezan a tener esperanza.

Eugene Agboifo Ohu

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