Nigeria avanza hacia la democracia

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Lagos. Los nigerianos se están preparando para la última fase de la transición a la democracia: las elecciones presidenciales de febrero próximo. La primera etapa se completó con las elecciones locales del pasado 5 de diciembre. El 9 de enero se dio un paso más, con la elección de gobernadores y parlamentarios de los Estados. Los elegidos no tomarán posesión de sus cargos hasta el 29 de mayo, fecha en la que está previsto que los militares abandonen el poder. Pero las dos votaciones ya celebradas dan motivos para confiar en que el paso al gobierno civil se hará realidad esta vez.

En los pasados comicios pudieron participar tres partidos, de los nueve que solicitaron ser inscritos. Esos tres son el Partido Democrático Popular (PDP), el Partido de Todo el Pueblo (APP) y la Alianza para la Democracia (AD). El PDP es el que cuenta con mayor implantación en las distintas regiones, mientras que los otros tienen ámbitos más restringidos. De los 36 Estados del país, el PDP se ha hecho con el gobierno de veinte. La AD, que surgió de una asociación cultural yoruba, ganó -como se esperaba- en los seis Estados del suroeste, los de mayoría yoruba, mientras que el APP ganó en los otros diez Estados, unos del norte y otros del sur. Algunos temen que el predominio del PDP acabe llevando, de hecho, a un régimen de partido único.

Ninguno de los partidos tiene una ideología definida: los tres son matrimonios de conveniencia. Ha habido políticos que han cambiado de partido, simplemente porque no lograron que el primero al que se apuntaron les nombrara candidatos. Por lo demás, la AD y el APP -como han subrayado sus propios dirigentes- son similares en un aspecto: ambos se declaran opuestos a que los militares se vistan de civiles para seguir en el poder, lo cual es una clara alusión al PDP.

La AD ha demostrado, de palabra y de obra, que es un partido étnico en su composición y en sus ideas: el partido de los yorubas. Esta exclusividad estuvo a punto de costarle la aprobación, ya que ser un partido de ámbito nacional era uno de los requisitos para inscribirse. Se dice que el gobierno abrió la mano para que los yorubas, uno de los tres principales grupos étnicos, no se sintieran marginados, y evitar así que resurgieran las demandas separatistas.

Para hacer frente al PDP, la AD y el APP han decidido concurrir a las elecciones presidenciales con un candidato común, procedente del sur. Como el norte ha tenido en sus manos el gobierno del país durante demasiados años, se da por supuesto -extraoficialmente- que el próximo presidente será del sur. Esto no significa que los norteños se hayan cruzado de brazos. Las filas del principal partido, el PDP, están llenas de dirigentes militares retirados, la mayoría del norte. Su candidato a la presidencia será probablemente el general Obasanjo, ex jefe de Estado, quien, pese a ser yoruba, cuenta con simpatías en el norte.

Los jóvenes están participando activamente en la transición. La mayoría de los nuevos gobernadores tienen menos de 50 años, y algunos no llegan a los 40. También se han decidido a participar algunos intelectuales que han abandonado su antiguo desinterés por la política, generalmente considerada en Nigeria como un negocio sucio. Todos los políticos son, por supuesto, muy ricos; como ha dicho uno: “En Nigeria, la política no es asunto de pobres”. En efecto, una de las condiciones para ser nombrado candidato era la capacidad de contribuir económicamente al sostenimiento del partido. Algunos han aportado millones de dólares, lo que ha hecho sospechosos sus motivos a los ojos de la gente.

A finales del año pasado, los obispos católicos publicaron una declaración en que pedían a la población que participase activamente para asegurar el éxito de la transición. Los obispos recordaban algunos de los males que han aquejado al país desde la independencia. En particular, señalaban el fanatismo étnico y religioso. Pero también culpaban a la prolongada dictadura militar de un continuo abuso del poder, con desprecio sistemático a los derechos humanos fundamentales.

En cuanto a la propuesta de traspasar el poder del norte (musulmán) al sur (cristiano), los obispos señalan que sería inadecuada y retrógrada. Según ellos, el traspaso de poder que necesita Nigeria es la sustitución “de la oligarquía egoísta, que sólo busca su propio interés, por una clase política de miras más amplias, más responsable y más digna de crédito”. Hay que instaurar, añaden los obispos, un nuevo concepto del poder y la autoridad, “basado no en la explotación y el dominio, sino en el principio de que los gobernantes han de ser servidores y administradores responsables del bien común”.

Eugene Agboifo Ohu

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