Kenia: La chispa étnica que provocó un incendio

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Duración lectura: 4m. 49s.

Nairobi. Un mes después de las elecciones, todavía grandes zonas de Kenia arden. Bajo la mediación del ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, negociadores del gobierno y de la oposición llegaron el día 3 a un acuerdo para tratar de frenar las violencias, que han causado unos 900 muertos, y buscar una solcuión a más largo plazo a la crisis política.

El enviado especial de Estados Unidos ha utilizado el término “limpieza étnica” para referirse a la expulsión de los kikuyus del Rift Valley. Otros esperan su turno para hablar de “genocidio”. Por suerte, no tendrán la oportunidad.

Los motivos étnicos son innegables. Los refugiados que han tenido que cruzar la frontera hacia Uganda son casi todos kikuyus. Ellos son los que han sufrido los ataques, los que fueron quemados vivos en la iglesia de Eldoret, aquellos cuyas granjas fueron incendiadas y sus cosechas arruinadas. Algunos estaban casados con gente de otras tribus, pero los matones tampoco han tenido piedad con ellos.

Durante mucho tiempo los políticos han utilizado las diferencias tribales para crear divisiones y ganar votos. Esto siempre había ocurrido en torno a las elecciones. En el Rift Valley no es infrecuente que los líderes étnicos digan a sus votantes que hay que “limpiar” la zona, y todo el mundo sabe qué significa eso. Los observadores extranjeros no entienden cómo gente que ha vivido pared con pared durante 30 ó 40 años se vuelvan unos contra otros a causa de unas elecciones.

En África las elecciones no se toman a la ligera. De hecho los votantes vigilan los puestos electorales. El líder y su equipo tendrán una influencia decisiva en la vida de una persona durante los próximos 5 ó 6 años, en función del grupo étnico al que pertenezca o en qué parte del país viva. En los países desarrollados los votantes se ven menos afectados por estos asuntos, mientras que en África pueden suponer la vida o la muerte, la prosperidad o la miseria. El electorado vota a los líderes, a las personas, no a ideologías partidos, a no ser que esto sea representativo del líder que elijan.

La etnia por encima de todo

No obstante, Kenia era conocida por su clima de tolerancia y armonía entre las diversas etnias. Desde hace algunas generaciones, los masai se casaban con mujeres kikuyu; los luos y los luhyas se enfrentaban en los campos de deporte, pero no tenían problemas en casarse con las mujeres de otra etnia. Algunos asiáticos y blancos también se han casado con kenianas. Sin embargo, los recientes acontecimientos han mostrado que una chispa étnica puede desencadenar un incendio.

Cuando la situación se agrava, la etnicidad se reafirma por encima de todo, e incluso las creencias religiosas pasan a un segundo plano. Durante la época colonial triunfó la máxima del “divide y vencerás”; los grupos tribales permanecían en sus áreas y servían a los administradores coloniales en lo que mejor sabían hacer. Algunos fueron entrenados como policías o militares, debido a su legendaria y, a veces, probada valentía; otros ejercían como funcionarios en puestos administrativos secundarios; otros sirvieron como cocineros y empleados domésticos, vigilantes nocturnos o como recolectores en los campos de té.

Los pocos que tuvieron la suerte de ser admitidos en los mejores colegios pudieron tratar por primera vez a gente de otras tribus. Esta interacción cultural era importante para el futuro del país y, por eso, fue promovida durante varios años hasta que algunos grupos aventajaron a otros. Entonces se recurrió a la discriminación positiva, limitando la movilidad de los estudiantes que deseaban estudiar en otras provincias. De esta manera, se bloqueó una posibilidad natural de integración étnica.

Bandas de matones

Pero ha sido la violencia y la destrucción gratuita lo que ha alarmado a la mayoría de la gente, así como el quebrantamiento del orden y de la ley en muchas zonas. Kenia tiene acceso al mar, y el puerto de Mombasa es el punto de entrada para mercancías destinadas a países del interior del África ecuatorial, como Uganda, el sur de Sudán, Ruanda y el este del Congo. La única carretera para camiones pasa por el Rift Valley.

Desde que la situación escapó al control de la policía keniana, los camioneros de Uganda llegan a casa contando historias estremecedoras. Algunos conductores consiguen unirse formando una caravana. A los que no lo consiguen, les queman los camiones y pueden considerarse afortunados si escapan con vida. ¿El motivo? El presidente de Uganda, Museveni, fue el primero en felicitar a Kibaki cuando anunció que había ganado las elecciones, y ha empezado a extenderse el rumor de que militares ugandeses están siendo transportados a Kenia para que disparen contra la población sublevada.

Las emisoras de radio on-line informan que hay grupos de jóvenes deambulando por las calles con enormes machetes y quemando todo lo que encuentran a su paso. A la vista de las atrocidades, cabe preguntarse: ¿quién financia estas operaciones? ¿Quién les da los machetes y quién incita a las bandas a actuar de esta manera? ¿Por qué cuando parecía que todo iba a parar, volvió a encenderse la mecha? ¿Quién da las órdenes? Los rumores proliferan, especialmente en un país como Kenia, con una tradición de violencia política y de asesinatos nunca aclarados satisfactoriamente.

Pero hay signos de esperanza. El diálogo ha comenzado, y las actitudes se están suavizando. Dirigentes de la oposición han pedido a sus seguidores que dejen en paz a los kikuyus.