África subsahariana: tras la guerra, el SIDA

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Duración lectura: 4m. 36s.

Kinshasa. El Congo sigue siendo teatro de un conflicto entre el gobierno de Joseph Kabila y los grupos rebeldes que se alzaron en armas en 1996 y 1998. A menudo se habla de las riquezas minerales y de la fauna que interesan a todos los que intervienen en la crisis congoleña. En cambio, rara vez se mencionan las consecuencias sanitarias del conflicto. Se olvida que las riquezas no valen nada si los hombres y las mujeres capaces de trabajar están enfermos.

El gobierno de Kinshasa y los diferentes grupos rebeldes son ayudados por países africanos calificados de aliados. Angola, Zimbabue y Namibia apoyan al gobierno; Ruanda, Burundi y Uganda, a los distintos rebeldes.

Zimbabue, Uganda y Ruanda están a la cabeza del pelotón en lo que concierne a la prevalencia del SIDA en África. Angola no está mucho más lejos en esta lista. Como si esto no bastara, incluso los militares sudafricanos seleccionados para constituir la Fuerza Internacional de Mantenimiento de la Paz en el Congo, después de la firma de un acuerdo de paz, son seropositivos en un 70%. En el Parlamento sudafricano ha habido un debate sobre esto, cosa que no cabe esperar en los otros países citados, cuyos regímenes son dictatoriales.

Si tenemos en cuenta que el salario medio por día -no pagado- es un dólar, y la miseria que esto provoca; si consideramos el hundimiento total del Estado congoleño; si pensamos que el SIDA se atribuye todavía en algunos ambientes a fuerzas maléficas, es fácil comprender que el riesgo de infección de los congoleños es muy elevado, pues la disolución de costumbres ha alcanzado su punto culminante. La prostitución de mujeres y de jóvenes se ha convertido hoy en una fuente de ingresos para ciertas familias. Sin olvidar que en el este del país, en las zonas ocupadas por los ruandeses, las violaciones de mujeres son sistemáticas.

Con este cuadro, se puede prever que después de la guerra el Congo corre el riesgo de ser un país enfermo por sus seropositivos. Habida cuenta de que el sistema sanitario no se tiene en pie, con hospitales vetustos, sin medios económicos ni técnicos capaces de hacerse cargo de los enfermos potenciales, el país corre el riesgo de una grave tragedia.

Por eso, los que puedan ayudar al Congo deben presionar ahora a los beligerantes, como hace Estados Unidos, para lograr una retirada sin condiciones. También debería imponerse un examen médico obligatorio a todos los militares que han de constituir la Fuerza de Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz después de la guerra.

Al principio de esta epidemia hubo una polémica acerca de si el origen del SIDA estaba en el Congo; ahora lo que no queremos es que sea el término final.

Philémon Muamba MumbundaLa desmovilización extiende el SIDA

El Ejército es la institución de la que depende la estabilidad de muchos países africanos, pero también es la más castigada por el SIDA. En el hospital militar de la capital de Angola, el SIDA es la principal causa de muerte, por delante de la malaria. Según el comandante de los servicios sanitarios, Francisco Ernesto, después de los casi treinta años de guerra civil que ha sufrido el país, la situación empeorará. Millones de angoleños se desplazarán por todo el país para regresar a sus hogares. Actualmente, están infectados el 5,5% de los adultos del país, que llevarán el virus a sus lugares de origen (The New York Times, 25-XI-2002).

La guerra dificultó mucho las comunicaciones. Los lugares más inaccesibles estuvieron mucho tiempo a salvo de la enfermedad. Pero a medida que se reconstruyan las carreteras y se vuelva a poner en marcha el comercio, aumentarán los contagios.

Etiopía y Sudáfrica, en paz después de largos períodos de inestabilidad, ya han experimentado ese cambio. El 10% de la población adulta de Etiopía está infectada y los contagios siguen en aumento, en gran parte a causa de la desmovilización de miles de soldados tras la guerra civil, y más recientemente, tras la guerra con Eritrea. Sudáfrica es el país con más seropositivos de África; uno de cada cuatro soldados está infectado.

Con el SIDA llega también el hambre. Lesotho, Malaui, Mozambique, Suazilandia, Zambia y Zimbabue, sociedades predominantemente agrícolas, tienen 5 millones de adultos (sobre un total de 26 millones de adultos) y 600.000 menores de 15 años con SIDA. El último informe de ONUSIDA, AIDS Epidemic Update 2002, revela que los cultivos han bajado y se ha reducido mucho la capacidad de estos países para alimentarse; en gran parte, debido a la reducción de mano de obra provocada por la enfermedad (solo en 2001 murieron 500.000 personas en esos seis países), pero también a causa de las sequías, las inundaciones y las políticas agrícolas nacionales e internacionales erróneas.

No obstante, ha habido algunos avances. En Sudáfrica, por ejemplo, el número de mujeres embarazadas portadoras del virus del SIDA, menores de 20 años, ha pasado del 21% en 1998 al 15,4% el año pasado. En la capital de Etiopía, la proporción de mujeres jóvenes con SIDA ha disminuido. Paralelamente Zambia y Uganda (ver servicio 60/00) también han conseguido reducir el número de infecciones.