Congo: Una paz frágil, tras las elecciones presidenciales

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Duración lectura: 4m. 44s.

Kinshasa. Joseph Kabila, primer presidente elegido democráticamente en la República Democrática del Congo desde su independencia, tomó posesión el pasado día 6. Entre la población de Kinshasa no hubo especial alegría, pero tampoco incidentes de violencia. Elegido en la segunda vuelta con el 58% de los votos, frente al 42% de su adversario Jean Pierre Bemba, Kabila sigue siendo visto como el representante de las provincias del este del país, donde se habla el swahili.

Esta vez no se repitieron las violencias que se produjeron cuando se dieron a conocer los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales y legislativas. Entonces, durante tres días (20 al 22 de agosto), Kinshasa fue el campo de batalla entre las milicias de Kabila y Bemba, que causaron la muerte de unas cuarenta personas. Se vio así el contraste entre, de una parte el pueblo, que cumplió su deber cívico y respondió masivamente a la llamada de la Comisión Electoral Independiente (CEI), y de otra, las dos personalidades políticas cualificadas para la segunda vuelta de la elección presidencial, que en lugar de cumplir la ley electoral se enfrentaron en detrimento de la paz que dicen querer para el pueblo.

Mientras se resolvía el recurso presentado por Jean Pierre Bemba contra los resultados de la primera vuelta, la Corte Suprema de Justicia que examinaba el caso sufrió el incendio de sus locales. Este incidente solo ha dado lugar a la detención de una abogada, la Sra. Landu, por incitar a la gente a la rebelión, sin dar lugar a otras averiguaciones, a pesar de la presencia de las fuerzas de la ONU y de la Unión Europea, enviadas para asegurar el desarrollo de las elecciones.

Para la clase política congoleña los intereses personales priman siempre sobre el respeto de la ley y de la palabra dada. Pero a pesar de todo, y de la crisis multiforme del país y de los estigmas dejados por las guerras de 1996 y 1998, los congoleños han decidido ir adelante, aun cuando las elecciones hayan tenido muchas imperfecciones.

Entre otras cosas, ha habido abusos claros en las listas de electores por “derogación” (1,8 millones sobre 25 millones), pensadas para que pudieran votar personas omitidas en el censo o autorizadas a votar lejos de su domicilio. Pero, en conjunto, el escrutinio ha estado bien organizado, lo que explica la aceptación de los resultados por los congoleños, para dar una oportunidad a la paz.

Pero esta paz requerirá tiempo para consolidarse. En las provincias del este, donde Kabila cuenta con más partidarios, se inscribieron para tomar parte en las elecciones 11,5 millones de electores; en el oeste y en el centro, los inscritos fueron 14,2 millones. Pero tanto en el primer como en el segundo turno de las elecciones, Kabila no ganó en ninguna provincia del oeste o del centro. Su elección se explica por la alta participación en las provincias del este. Esto le convierte en el presidente de un bloque, y esta fractura entre dos bloques corre el riesgo de ser el punto débil de un nuevo régimen etiquetado como el de los que hablan swahili, la lengua del este, frente a los que hablan francés. Esto explica la indiferencia con que fue acogida en la capital Kinshasa la victoria de Kabila.

Pero si ninguno de los anteriores beligerantes se ha atrevido a tomar las armas y crear nuevos desórdenes, ha sido por el temor que ha creado la apertura del proceso ante la Corte Penal Internacional, de Thomas Luanga, antiguo responsable de la rebelión en Ituri. La comunidad internacional lanzaba así una advertencia a los que tuvieran la tentación de volver a empuñar las armas.

Religión y marketing político

Cuando Joseph Kabila prestó juramento el 6 de diciembre, después de las palabras de bienvenida del jefe de protocolo del Estado, fueron mensajes religiosos los que abrieron la ceremonia. El primero en tomar la palabra fue un musulmán, que terminó su oración con un amén. El representante de la iglesia kimbanguista comenzó su oración en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, aun cuando el fundamento “teológico” de esta iglesia es la negación de todo lo que viene del hombre blanco, cuyo representante es la Iglesia católica.

Son signos de la contradicción congoleña entre la hiperreligiosidad y los actos de los políticos: pues hablar de Dios es una cosa, y hacer su voluntad es otra. Dios es considerado como un agente de márketing político.

La campaña del vicepresidente y candidato Jean Pierre Bemba se terminaba con el eslogan “con Dios venceremos” y su vídeo incluía la bendición que Juan Pablo II les dio a él y a su esposa cuando les recibió. La mujer de Kabila empezaba y concluía cada mitin político a favor de su marido con una oración.

En el primer turno, un sacerdote católico y un pastor protestante se presentaron como candidatos a la elección presidencial. En las elecciones legislativas, eran candidatos varios “pastores” e incluso una religiosa católica. Uno de los “pastores” se presentaba como candidato independiente, aunque, en las listas electorales, figuraba como miembro de un partido. Así, el que se presentaba como defensor de la verdad para regenerar la política nacional, empezaba con una mentira.

Dios ha estado omnipresente en los actos de la campaña electoral, pero corre el riesgo de estar muy ausente en la gestión de la tercera República.

Philémon Muamba Mumbunda