Cómo surgen los deportistas de éxito en Kenia

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Duración lectura: 6m. 38s.

Nairobi. El keniano Joseph Ngolepus ganó el 30 de abril el Maratón de Madrid, en el que también dos atletas de Kenia fueron segunda y tercera en la categoría femenina. Esta vez no era una sorpresa, ya que es bien conocido el predominio de los atletas de este país en el maratón. ¿Cómo han surgido estos campeones?

Muchos aficionados de todo el mundo se han interesado por Kenia gracias a sus atletas, desde que el corredor de fondo Kipchoge Keino ganó una medalla de oro en las Olimpiadas de México, en 1968. Durante estos últimos 40 años, muchos jóvenes kenianos -primero los varones, después las mujeres- se dieron cuenta de que tenían un talento natural para el deporte, y que éste era su camino hacia la fama y la fortuna.

La mayoría de corredores proviene de las múltiples tribus Kalenjin de la provincia del Valle del Rift, caracterizado por unos paisajes que recuerdan a Suiza, con sus altas montañas y profundos valles, por los que corren los niños arriba y abajo para ir cada día al colegio. Para dar con la receta del éxito, hay que añadir a lo anterior el tipo de dieta común en la zona: leche en abundancia, carne, verduras y frutas frescas, y ausencia total de “comida basura”. Aquí la vida es dura; la autocompasión, el lujo y la comodidad son desconocidos.

Durante la era colonial, los británicos reclutaron a muchas personas de esta región para el ejército y la policía por su fortaleza y resistencia, que rayan en el estoicismo. Y tal vez para canalizar sus tendencias guerreras, casi siempre ejercitadas en robar ganado a las comunidades vecinas. Los misioneros irlandeses, también duros y atléticos, advirtieron las dotes deportivas de estos jóvenes en las escuelas y misiones, e impulsaron su talento. Así nació una tradición.

Iniciativas de campeones

Los atletas kenianos han competido y triunfado en casi todos los países. Así han logrado fuertes sumas de dinero, verdaderas fortunas para un pueblo acostumbrado a sobrevivir con menos de un dólar al día. Para algunos jóvenes, el enriquecimiento súbito fue trágico, porque nunca habían visto tanto dinero y no sabían qué hacer con él. Se les subió a la cabeza. Se bebieron su fortuna y cayeron en el camino, para disgusto de sus familias y comunidades. Pero muchos aprendieron de esta triste lección y han gastado e invertido su dinero con inteligencia. Campeones de fondo como Henry Rono y Paul Tergat han puesto en marcha campos de entrenamiento para las jóvenes promesas. Rono ha abierto además un colegio de Primaria y busca nuevos talentos en las escuelas locales. La Fundación Paul Tergat recoge dinero para buenas causas, como la reciente hambruna en el norte de Kenia, y ha instaurado el Premio al Atleta del Año.

La corredora de medio fondo Lorna Kiplagat ha abierto también un campo de entrenamiento para niñas y visita los colegios femeninos a la búsqueda de talentos, que también abundan entre las chicas. También organizó un evento llamado “Corre por los zapatos”, en el que se entregaba calzado a todos los corredores. Hay que tener en cuenta que muchos niños van al colegio descalzos, practican deporte descalzos y sólo obtienen su primer par de zapatos cuando acuden a la escuela secundaria, lejos de casa, o cuando visitan por primera vez la ciudad.

En la región remota del Valle del Rift, poblada por dos tribus que viven con las pistolas siempre a mano y se dan a frecuentes escaramuzas, la corredora de fondo Tecla Lorupe organizó un maratón para ayudar a los jóvenes a abandonar la violencia y para acercarles los unos a los otros, promoviendo un uso más constructivo de su energía y talento. La idea que tuvieron los británicos mantiene su vigencia: las fuerzas armadas, la policía y los servicios de seguridad de las prisiones envían reclutadores a los campeonatos deportivos escolares en búsqueda de nuevos talentos, y no sólo a las competiciones de atletismo, sino de todos los deportes: fútbol, baloncesto, voleibol, rugby…

El fútbol en los suburbios

El fútbol, que comenzó a seguir la tendencia iniciada por el atletismo, se está desarrollando de una manera muy similar. Dos jugadores internacionales, Dennis Oliech -que, después de jugar en la selección nacional, fue contratado por el Nantes francés- y Musa Otieno, del equipo surafricano Santos, son dos claros exponentes. Ambos provienen de los vecindarios pobres de Nairobi; ambos tienen su propia fundación, dedicada a buscar talentos en los suburbios y a desarrollar las cualidades de los jóvenes, para lo cual traen al país equipamiento de los países en los que juegan.

Igual que las empinadas cuestas del Valle del Rift, los suburbios de Nairobi proporcionan un excelente contexto natural para el entrenamiento. Los suburbios están superpoblados. Los chicos tienen que pelear con otros treinta por un balón, quizá una pelota casera hecha de harapos. Por eso son rápidos, ágiles y perspicaces. Éstos son poderosos condicionantes para el cerebro, y las habilidades motrices se adquieren muy pronto en la vida y son perfeccionadas por medio del juego. Estos jóvenes no tienen problemas de exceso de grasa, nunca comen demasiado y van a pie a todas partes. Son todo músculo y tendones, fuertes y nervudos. Deporte significa supervivencia. Sus padres suelen tener un físico parecido y les han educado para ser fuertes y de pies ágiles para sobrevivir.

Mathare Valley es un suburbio que data de tiempos anteriores a la independencia de Kenia y tiene hoy casi medio millón de habitantes entre sus sucios callejones y propietarios que luchan violentamente por parcelas de tierras. Sus equipos tienen una trayectoria de éxito y un estilo especial, gracias al entrenador y promotor canadiense Bob Munro. Su Asociación para el Deporte Juvenil busca niños con talento en los suburbios, en grupos de hasta 12, 14 y 16 años. Cuando pasan a un equipo de mayores de 18 años, tienen que hacerse cargo de un equipo de jóvenes de su área del suburbio. Los mayores, que juegan para uno de los dos equipos que tiene Mathare en la liga nacional, no cobran hasta no haber completado un trabajo de siete horas para la comunidad. La Asociación y los equipos son bien conocidos, incluso fuera de Kenia, y tratan de buscar patrocinadores. Además asisten a torneos juveniles internacionales.

Una embajada ha patrocinado un gimnasio en Mathare Valley dotado con las últimas tecnologías, lo cual permite un entrenamiento profesionalizado y un programa de intercambio. Aquellos que no están cualificados para ingresar en uno de los dos grandes equipos pueden convertirse en árbitros y, por su gran cualificación, son muy demandados en todo el país, incluso para las ligas y los campeonatos nacionales. La Asociación es un modelo que muchos equipos de fútbol (y sólo en Nairobi los hay a centenares, especialmente en los vecindarios más pobres) tratan de emular, si tienen oportunidad y consiguen patrocinio para comenzar.

Allí donde los organismos del gobierno han sido lentos en intervenir o han preferido otras prioridades, el espíritu emprendedor de los kenianos ha dado un paso al frente y tomado la iniciativa. Estamos sólo en las primeras etapas. En los próximos años, los kenianos aparecerán en las pantallas no sólo cruzando los primeros la línea de meta, sino también sorprendiendo a los espectadores en muchos otros deportes. Todo esto se logrará a partir de estos orígenes tan humildes, como resultado de mucho sacrificio, no sólo en los entrenamientos, sino también en el arte de la supervivencia.

Martyn Drakard