Yo no

Taurus. Madrid (2007). 315 págs. 21 e. Traducción: Belén Bas Álvarez.

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Joachim Fest murió del mismo modo que vivió: rodeado de la polémica. Sus memorias, publicadas unos meses antes de su fallecimiento, coincidieron en las librerías con la autobiografía de Günter Grass -traducida también ahora al castellano-, en la que éste confesó sus simpatías juveniles por el movimiento nazi. Precisamente, el título escogido por Fest –Yo no– es ya de por sí una defensa de su integridad y de su compromiso con los valores democráticos. Sin embargo, la polémica no terminó con su muerte. En la edición original alemana se acusaba, sin nombrarlo, a Jürgen Habermas de colaboracionismo. Habermas ganó un juicio y la editorial se vio obligada a retirar los ejemplares y a omitir esa parte en las ediciones siguientes.

Ahora bien, más que a sí mismo, Fest quiso honrar en estas páginas la memoria de su padre, que se opuso de forma activa al régimen de Hitler. Fue despedido como director de un centro de enseñanza y ya nunca más pudo trabajar porque se le consideraba “enemigo”. A Fest se le quedó grabada esa lección moral de quien está dispuesto a renunciar al bienestar antes que a sus ideales. El lema que vivió, y que trató de inculcar a sus hijos, fue el de “Aunque todos participen, yo no”. Un gesto de heroicidad que no le ahorró, por otra parte, graves problemas familiares. En este sentido Fest compara la actitud de su padre y la de su madre, preocupada comprensiblemente por el futuro de sus hijos.

Desde 1933 hasta la guerra, los años fueron duros para la familia Fest, aunque su relato huye del tono lastimero y trágico. Lo que más advierte el lector es la soledad: pocos amigos le quedaron al padre cuando éste decidió enfrentarse directamente con el nazismo; sólo conservó a quienes mantenían sus mismos ideales.

Además no desperdició ocasión para ayudar a sus conocidos judíos; de hecho, el joven Fest acudía semanalmente a casa de un médico judío para llevarle comida y hacerle compañía. Para Joachim, y sus hermanos, ese periodo fue decisivo en su formación. Su padre le animó en sus inquietudes intelectuales (le apasionaba el renacimiento italiano, sobre el que escribió su primer libro). Consiguió una gran cultura musical y literaria y “descubrió” la profesión de “intelectual independiente”.

Con la llegada de la guerra, las cosas cambiaron dramáticamente. Joachim fue reclutado por el ejército alemán. Su hermano murió en la contienda y él se salvó milagrosamente. Estuvo, más tarde, en un campo de prisioneros francés, administrado por los norteamericanos. Allí se acercó a la literatura norteamericana con pasión. El intento de fuga es, pese a la situación, una de las anécdotas más divertidas del libro. Después llegó el momento del reencuentro familiar y el revivir las heridas de un pasado que, en el caso de la madre, nunca llegó a superar.

Es una lástima que Fest terminara sus memorias en los años cincuenta, justo cuando empieza a trabajar en la televisión alemana. Fue editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung y escribió numerosos libros de historia (Hitler: Una biografía tal vez sea la más completa sobre el dictador alemán; El hundimiento, sobre los últimas días del III Reich, sirvió de base para la película del mismo nombre). De especial interés hubiera sido conocer su visión de la famosa “polémica de los historiadores alemanes” que separó a los profesionales de la historia en dos bandos y que, en lo personal, truncó su amistad con el crítico literario Reich-Ranicki (ver Aceprensa 17/01). Ahora bien, el lector tiene la sensación de que con su libro Fest buscó no sólo dar publicidad a su irreprochable pasado, sino también recordar a muchos intelectuales que fue posible, aunque heroico, oponerse al nazismo en su momento.

Josemaría Carabante

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