Ya sabes mi paradero

Javier Cervera Gil

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Planeta. Barcelona (2005). 483 págs. 19 €.

El historiador Javier Cervera lleva años investigando sobre la guerra civil española (1936-39). Su último libro es el resultado de una paciente labor de búsqueda en archivos públicos y privados; de entrevistas, de contactos a través de Internet…, para recopilar y seleccionar un abundante número de cartas y fragmentos de diarios escritos durante aquellos años.

El historiador se ha limitado a ordenar los textos cronológicamente y a añadir breves explicaciones para encuadrar el cuantioso material que ha manejado.

Lo demás corre a cargo de los variados protagonistas de las cartas: oficiales y suboficiales de ambos bandos; soldados destacados en los frentes o en las retaguardias; anarquistas, comunistas, franquistas, otros que no se identifican con ninguno de los bandos y siguen donde los pilló el alzamiento; también los que huyeron de una zona para incorporarse a la otra; brigadistas, nacionalistas vascos y catalanes, sacerdotes, religiosos…; y madres, esposas, novias, hermanas, madrinas de guerra…

Una historia subjetiva de la guerra civil, tal como la vivieron mientras sucedía. Les pudo faltar información, perspectiva histórica, pero su testimonio es vivo, escueto y llano. Son las voces del coro de la tragedia, que muestran heroísmo, idealismo, miedo, fe, odio, perplejidad, crueldad, misericordia, piedad y, sobre todo, sufrimiento.

Son las voces de los que no han pasado a la historia pero la hicieron, unas veces muy a su pesar; otras, con admirable dignidad.

Corresponderá al lector sacar las conclusiones, pero probablemente será difícil mostrar mejor la complejidad y el dramatismo de aquellos años horribles y, en general, de cualquier guerra.

Al terminar el libro, a uno le habría gustado seguir hasta el final las vidas de esas personas después de la contienda, pero sobre todo queda el deseo de que historias como las recopiladas nunca se repitan; y la pregunta de por qué se llegó a aquella guerra fratricida.

Por respeto de la intimidad de los protagonistas, Javier Cervera ha cambiado los nombres, salvo en un caso en que los descendientes de uno de ellos le pidieron que lo mantuviera, como homenaje póstumo. En cambio, ha preferido dejar los textos tal como salieron de la pluma de sus autores, sin más correcciones que las ortográficas, salvo en algunos casos en que la sintaxis resultaba de difícil comprensión.

Luis Ramoneda

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