Vredaman

Unai Elorriaga

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Alfaguara. Madrid (2006). 188 págs. 17,50 €. Traducción: Unai Elorriaga.

La tercera novela de Unai Elorriaga (premio Nacional de Narrativa 2002 por “Un tranvía en SP”, ver Aceprensa 70/03) continúa moviéndose por territorios algo excéntricos a la literatura al uso.

Cuatro historias se entremezclan mientras un niño pasa una temporada en casa de sus tíos porque su padre está ingresado en el hospital, agonizante. A través de su mirada infantil, el mundo se abre en varias direcciones, al compás de las peculiaridades de la parentela: su prima le lanza el reto de conseguir una libélula azul que, según se dice, vuelve muy inteligente a quien la atrapa; su primo se embarca en la investigación de un campeonato mundial de ebanistas en el que participó su abuelo; su tío intenta construir un campo de rugby irrumpiendo en un campo de golf con premeditación y alevosía; una amiga de sus tías tiene una historia misteriosa con un arquitecto de fama mundial…

Como viene siendo habitual en las ficciones de este autor, las historias se desarrollan a cámara lenta, con naturalidad pero con continuas pequeñas sorpresas que enriquecen la novela. Elorriaga tiene la virtud de ganarse la complicidad del lector enseguida, entrando y saliendo de sus personajes, inventando comparaciones atrevidas, utilizando nombres que a menudo son referencias secretas que sólo el escritor conoce.

Alguien ha señalado que todos los personajes de las novelas de Elorriaga son bondadosos, y este es un primer rasgo excéntrico: no hay el menor rasgo de cinismo o de maldad y sí la posibilidad de un estilo de vida alternativo al común, hecho de ingenuidad, tesón y cierta anarquía. Otro lo constituye el afán del escritor por el juego: con las palabras, con los nombres propios (el título hace alusión al lugar en el que murió Tagore), con las mismas historias. Hay algo fascinante y simpático en las relaciones humanas, en los diálogos y en los desenlaces, sin que el escritor caiga nunca en la trampa de la cursilería. Y, tras la aparente sencillez de tramas y lenguaje, existe sin duda un gran trabajo de ajuste para que nada chirríe y a la vez surja con la aparente espontaneidad de la vida.

Pedro de Miguel

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