Vivir para contarla

Gabriel García Márquez

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Mondadori. Barcelona (2002). 579 págs. 25,50 €.

Memorias de infancia y juventud de este escritor colombiano, nacido en 1928 y Premio Nobel en 1982. El autor evoca recuerdos familiares, azarosos años estudiantiles y los inicios de su carrera de escritor y periodista, así como las convulsiones políticas y sociales que de modo continuo alteraban la estabilidad del país. El relato llega hasta 1955, año en que viaja por primera vez a España.

La obra parece, sobre todo cuando trata de la extensa parentela de García Márquez, otra de sus novelas de la saga de Macondo. Estos episodios, no se sabe si del todo verídicos, están narrados con una acertada mezcla de fantasía, humor y ternura, sobre un realismo de fondo que refleja los apuros económicos de unos padres con más de diez hijos a su cargo, en pueblos pobres y sin apenas oportunidades de crear riqueza. También las descripciones ambientales de lugares como Aracataca, Sucre, Barranquilla y Bogotá, y de paisajes costeños o montañosos muestran la calidad literaria que ha dado fama al autor. En cambio, las referencias políticas, intelectuales y culturales, ceñidas al ámbito nacional colombiano, resultan en otras áreas geográficas menos interesantes por desconocimiento del entorno, y áridas por demasiado extensas y reiteradas.

De igual modo, la conducta personal del joven aspirante a novelista incide con insistencia en diversiones basadas en el alcohol y el sexo, que se pormenorizan sin ninguna sutileza elusiva. Para contar esta vida, presidida por un vitalismo primario, hubieran bastado menos páginas, sin que por ello las memorias perdieran su significación y en cambio ganaran mucha fluidez.

Pilar de Cecilia