Viaje al corazón de Cuba

Carlos Alberto Montaner

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Plaza & Janés. Barcelona (1999). 285 págs. 2.450 ptas.

En las postrimerías de la Unión Soviética se atribuyó al general Vernon Walters la afirmación feliz de que Cuba era el país más grande del mundo: tenía su capital en La Habana, su gobierno en Moscú, su ejército en África y su población en Florida. Carlos Alberto Montaner, escritor de larga trayectoria anticastrista, realiza en esta obra un vehemente pero bien documentado ajuste de cuentas con Fidel Castro.

Tras cuatro décadas de dictadura, el castrismo ofrece un panorama desolador de pobreza espiritual y material, reflejada en los fenómenos de la represión de su disidencia interna, los balseros, el turismo sexual barato, y la desigualdad abismal que existe dentro de la isla entre cubanos de a pie, miembros de la nomenklatura y extranjeros. Al describir las “castas”, el juicio de Montaner es inapelable: con la aceptación final del dólar por parte del régimen, “la Cuba del tardocastrismo ha sido concebida para uso y disfrute de los capitalistas extranjeros”.

La obra de Montaner ofrece, en su primera parte, un buen resumen de la historia de Cuba desde su independencia, escrita con ecuanimidad, ritmo y buena prosa. Algunos datos, casi de almanaque, sorprenden y ayudan a valorar el ciclón producido por cuatro décadas de dictadura comunista. Por ejemplo, que Cuba tuvo ferrocarril antes que España; que durante las primeras décadas de este siglo figuró entre las primeras potencias comerciales; o que 800.000 españoles emigraron a Cuba al final de la Guerra Civil, convirtiendo a ese país en el que más emigrantes ha recibido durante este siglo en términos relativos.

Montaner desmonta con argumentos el tópico de que Castro fue empujado al comunismo por Estados Unidos -de hecho, viene a demostrar que sin la cercanía de Norteamérica no se sostendría el régimen en lo económico, pese al embargo- y rinde en su obra homenaje a los centenares de cubanos que, desde 1959, han luchado contra la dictadura, dentro y fuera de la isla.

En su explicación de la estrategia utilizada por Castro para hacerse con todo el poder a partir de la huida de Batista, Carlos Alberto Montaner admite la pasividad de la población católica, que no se echó a la calle para protestar contra los abusos cometidos contra la Iglesia. Según el periodista cubano, ello se debe en buena parte a que, en vísperas de la revolución castrista, Cuba era una de las naciones “menos religiosas” de Iberoamérica (junto a Costa Rica y Uruguay), pese al hecho de que los principales luchadores contra la dictadura de Batista, y luego contra la de Castro, se formaron en los círculos culturales católicos.

Francisco de Andrés

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