Veinte días con Julian y Conejito

TÍTULO ORIGINALTwenty Days with Julian & Little Bunny By Papa

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (2004). 157 págs. 12 €. Traducción: Javier Calzada.

Extraordinario texto que Hawthorne redactó durante 18 días, del 28 de julio al 16 de agosto de 1851, cuando su mujer y sus dos hijas se fueron de viaje y él se quedó en su granja de las colinas de Berkshire con la compañía de su hijo Julian, de cinco años, y un pequeño conejo. Aunque los incidentes sean nimios, la narración tiene gracia por el humorístico realismo con el que se ponen de manifiesto tanto los comportamientos del conejito y del niño, como los altibajos emocionales que sufre su padre ante la incansable actividad del pequeño Julian, un “torrente de locuacidad” como “un arroyo fluyendo sin cesar”.

Tiene también interés porque cuenta episodios de su relación con Herman Melville, su vecino entonces, con el que un día mantiene “una charla acerca del tiempo y de la eternidad, de cosas de este mundo y del próximo, de libros y editores, y de todo lo posible y lo imposible, que se prolongó hasta muy avanzada la noche y en la que, si hay que decirlo todo, estuvimos fumando cigarros incluso en el sagrado recinto de las paredes de la sala de estar”.

Este relato es el primero, dentro de la literatura norteamericana, que pone a un niño en el centro de un argumento. Así lo indica en el extenso prólogo Paul Auster, que se detiene a enumerar las atractivas cualidades literarias y humanas de Hawthorne: su prosa precisa, ingeniosa y mordaz; su amor a su esposa e hijos y la paciencia que demuestra en su relación con Julian. Es fácil estar de acuerdo con Auster cuando indica que, a la vista de un texto así, queda claro que las imágenes sólo registran la superficie de las cosas pero las palabras van mucho más al fondo, tanto si con ellas se trata de paisajes como si se trata de rostros de niños.Luis Daniel González