Una muerte roja

TÍTULO ORIGINALA Red Death

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (1995). 276 págs. 1.950 ptas.

Probablemente pronto aparezca en las pantallas de cine Easy Rawlins, el protagonista de esta novela, un detective negro emigrado del profundo Estados Unidos de los años cincuenta, la época de la caza de brujas. Ya se ve que el perfil del protagonista es el ideal para que los problemas le encuentren. Easy Rawlins vive de las rentas en unos apartamentos comprados con el dinero de una aventura anterior, aunque procura pasar desapercibido porque, para los negros, las cosas no son tan fáciles en Los Angeles. Agobiado por los impuestos, acepta un encargo del FBI: infiltrarse en la Primera Iglesia Baptista Africana, espiar a sus pastores y feligreses, y al rojo Chaim Wenzler, judío superviviente de los campos de concentración nazi y que hace beneficiencia para la iglesia baptista. Al poco, una lenta maraña de muertes e intereses y la aparición de un antiguo amor complica la existencia de Easy Rawlins. Sin embargo, con gran astucia y distanciada ironía, lograr encontrar las salidas, destapa los problemas y, lógicamente, vuelve a perder a su chica. Como los detectives del pasado, como las películas en blanco y negro.

Walter Mosley ha creado un antihéroe atractivo, algo cínico y profundamente humano: respeta a los débiles, no aprovecha situaciones fáciles y se sabe un perdedor, aunque hace justicia; eso sí, a su manera. Un grupo de perdedores cotidianos -por los que el autor siente gran comprensión- acompaña al detective dibujando a la vez, en amables tonos grises, una época de Estados Unidos. El conjunto, gracias a su estupendo ritmo, es sumamente atrayente, sin que resulten postizos los chispazos de pasión, al menos no tan explícitos como en muchas novelas del género policiaco. Mosley recupera así el tono de Hammet y Chandler, con quienes ha sido comparado y de quien él mismo se siente continuador. Reconfortan, por último, las declaraciones de Walter Mosley: “Lo que admiro en escritores como Charles Dickens o Mark Twain es que son accesibles para todos y que elevan a la gente”. Algo así consigue su libro, en un género distinto.

Pedro L. López Algora

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