Un mundo de injerencias

TÍTULO ORIGINALUn monde d’ingérences

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Editorial Bellaterra. Biblioteca del Ciudadano. Barcelona (1999). 119 págs. Traducción: Juan Vivanco.

En los últimos años se viene hablando mucho del llamado derecho de injerencia. De hecho, es el asunto con el que Kofi Annan abrió este mes de septiembre la reunión anual de la Asamblea General de la ONU, para solicitar su regulación internacional. El tema va a dar mucho que hablar en el debate diplomático y jurídico internacional de los próximo años.

La injerencia choca con dos grandes principios configuradores del orden internacional posterior a la II Guerra Mundial: la soberanía estatal y la no intervención, reforzados con el movimiento descolonizador de los 60 y 70, y los intentos más recientes de oposición a la hegemonía estadounidense y la consabida “globalización”.

Este libro analiza la injerencia y las consecuencias que acarrea. El autor, francés, profesor de relaciones internacionales, toma como punto de partida el hecho de que la injerencia es algo que siempre ha existido y siempre existirá, ya que no es posible sobrevivir aislado, especialmente en el ámbito de las relaciones internacionales.

Después el libro desgrana los diferentes tipos de injerencia presentes en el mundo contemporáneo, así como sus causas, justificaciones, desarrollos y desenlaces posibles. El autor desciende a situaciones concretas y conflictivas: desde injerencia comercial o empresarial, pasando por la cultural, los planes de ajuste del Fondo Monetario Internacional o la misma construcción europea, hasta la de más reciente formulación, la ecológica, basada en la incapacidad de algunos países para defender su medio ambiente, lo que afecta al resto de la humanidad.

Pero, lógicamente, el autor se detiene en la injerencia humanitaria a favor de una población que sufre violaciones graves y masivas de los derechos humanos por la acción o inacción de las propias autoridades. Esta es la intervención que suscita más polémica, sobre todo si el Estado en cuestión no la autoriza y se requiere el uso de la fuerza.

En este último caso y con profusión de ejemplos, se analizan los distintos tipos de justificación que se pueden dar, así como las consecuencias de la intervención. El autor subraya que ninguna injerencia puede -ni debe- ser apolítica, así como las contradicciones en que incurren tanto el “buen samaritano” (injerencia como forma moderna de la solidaridad) como el no intervencionista (injerencia como perpetuación maniquea de un orden mundial desigual). Por eso, a la hora de tomar postura hay que tener en cuenta que en la injerencia son decisivas las circunstancias concretas, de suerte que, como dice el propio autor, “la injerencia no es buena ni mala, pero quizás haya injerencias ‘buenas’ y ‘malas’…”.

Es, en definitiva, el debate en torno a las enormes dificultades de conciliar la legitimidad con la efectividad de las intervenciones humanitarias. Debate al que el autor aporta su desconfianza en la creación de un sistema global de injerencia distinto al ya existente en el Consejo de Seguridad de la ONU, por muy frustrante que este pueda ser, porque supondría la creación de un nuevo sistema internacional que, enterrando la soberanía estatal, dejaría en pocas manos las riendas de toda la humanidad, algo muy arriesgado en su opinión.

Enrique Abad Martínez