Un encuentro

Tusquets. Barcelona (2009). 216 págs. 15 €. Traducción: Beatriz de Moura.

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Tras escribir El arte de la novela y El telón, el laureado autor de La insoportable levedad del ser ahonda en su vena ensayística con esta obra que se compone de una sucesión de cortos ensayos culturales y algunos refritos de textos periodísticos o cartas. Kundera (Brno, República Checa, 1929), otro de los eternos aspirantes al Nobel, rinde homenaje en este libro melancólico a la gran tradición literaria y artística europea, singularmente al estallido vanguardista que precedió a la catástrofe de las dos guerras mundiales.

Para ello se deja conducir por una serie de revisiones admirativas de sus autores fetiche: Francis Bacon, Rabelais, Malaparte, Breton, Broch, García Márquez, Janáček, etc. El tono del libro es inequívocamente elegíaco, pues el autor checo se alinea con los sombríos veredictos de maestros como Steiner y Bloom que creen clausurada la capacidad de superación creativa de Occidente merced a la estupidización masiva causada por la televisión y la mercantilización de la cultura. En efecto, Kundera considera -como muchos otros intelectuales- que Europa se está suicidando culturalmente y, a consecuencia de ese odio a sí misma, flota al pairo de la debilidad mental posmoderna, de la cual sólo se puede salir releyendo a los clásicos (muchos también del siglo XX).

Sus análisis huyen del lenguaje académico, que juzga una esterilizante característica de la “era de los fiscales” en que vivimos: la ausencia de talento creador halla su contrapartida en la proliferación de biografías absurdamente puntillosas y estudios que contienen una “opaca logorrea teórica”. Imposible no compartir su juicio y no agradecer su afán por emplear un lenguaje sencillo y emotivo, que aborda sin embargo cuestiones de calado existencial como el papel de la memoria en la construcción de la identidad humana. Kundera no es creyente, y soslaya por tanto el problema de la trascendencia, que él identificaría en todo caso con la sublimidad estética.

También entra de lleno en una de las cuestiones más debatidas por la intelectualidad del siglo XX: el enfrentamiento entre el escritor comprometido políticamente y el que sólo se debe a la perfección de su arte. Kundera toma partido por el segundo, y estamos de acuerdo, pero no podemos olvidar que, al parecer, él delató a un amigo anticomunista bajo el régimen soviético, lo que originó recientemente un gran escándalo en el mundillo cultural europeo (algo parecido al episodio filonazi de Grass). La estética no puede disculpar la falta de ética. Volviendo a Un encuentro, en todo caso hay que reconocer la aguda lucidez de un autor que ya figura en la nómina de los patriarcas intelectuales de su país.