Segunda novela de Marta San Miguel (Santander, 1981). La anterior, Antes del salto, recibió críticas muy elogiosas. Ahora cambia de registro y escribe una singular biografía del músico Enrique Granados (1867-1916), a la que añade algunos toques de autoficción.
San Miguel ha explicado que el punto de partida fue el descubrimiento de los pormenores de la trágica muerte del músico en 1916, en plena Primera Guerra Mundial, cuando un submarino alemán lanzó un torpedo que impactó en el barco Sussex, en el que viajaban Granados y su esposa Amparo. Los dos regresaban de un viaje triunfal a Nueva York, donde había estrenado su ópera Goyescas.
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A partir de este suceso, la autora reconstruye la biografía de Granados. Nació en Lleida, luego se trasladó a Barcelona, donde su familia vivió casi toda su vida. En 1887 viajó a París, donde estudió música y conoció a buena parte de la élite musical y artística del momento. A su regreso, combinó la composición con la enseñanza y los conciertos. Casi toda su vida tuvo problemas económicos.
En la Barcelona de la Reinaxença había mucha hambre de música. Junto con Isaac Albéniz, Granados se propuso “edificar nuestra música sobre la base de nuestra canción popular, hermosa y casi desconocida en las naciones de Europa”. Granados renovó el género de las canciones clásicas y populares e integró el folclore español con lo mejor del romanticismo y el modernismo de la época.
En breves capítulos, la autora incluye algunas reflexiones personales sobre el valor de la música en su propia vida, a la vez que explica las investigaciones que lleva a cabo en Barcelona para descubrir, en archivos y museos, la huella del compositor barcelonés.
Con mucha calidad literaria, con sus dosis de lirismo y emotividad, prestando una esmerada atención a detalles minúsculos, la autora consigue que este libro se convierta en un homenaje a la música como “espejo que refleja la parte invisible de nuestra identidad”.