Turquía. La apuesta por Europa

Libros de la Catarata. Madrid (2007). 380 págs. 20 €.

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Estamos ante un libro profusamente documentado sobre los pasos dados por Turquía en su camino hacia Europa desde la proclamación de la República en 1923 hasta el comienzo de las negociaciones con la UE en 2005. El trabajo de la profesora Rodríguez López, que conoce directamente la realidad del país, es una valiosa fuente de información para periodistas y público deseoso de conocer aspectos internos y efectos externos acerca del candidato más controvertido para la integración europea. Se analizan ocho décadas de la historia de Turquía, con una especial atención a su política exterior y a las posiciones de los diferentes partidos, actuales o desaparecidos, sobre la candidatura a la UE.

Ante las especulaciones sobre si las reticencias de determinados países europeos o de sus opiniones públicas harán a Turquía desistir de sus aspiraciones, se puede concluir que, pese a la sucesión de gobiernos, en nada ha cambiado lo que expresara Kemal Atatürk en 1923: aunque las potencias europeas trataran de destruirnos, no nos queda otro camino que movernos de una manera constante hacia Occidente.

En un principio, se pudo pensar que Turquía asumiría una occidentalización sin Occidente, con la mera incorporación de sus leyes, ciencia o técnica. De hecho, incorporó el nacionalismo y el secularismo como rasgos básicos de un Estado fuerte y centralizado, aunque no totalitario. Durante la guerra fría, e incluso en los últimos años, se creyó que la relación estratégica con EE.UU. podía suplir a la integración europea, pero las tensiones derivadas de la guerra de Irak y la cuestión kurda demuestran que Ankara no desea jugar esta única carta. Otras alternativas externas, como las relaciones con los Estados de Asia Central o el mundo árabe, son claramente insuficientes para los intereses turcos, que tienen en Europa su primer mercado.

Pero el camino hacia Europa, con independencia de que se traduzca en la integración o algún tipo de asociación privilegiada, pasa por asumir paradigmas claramente occidentales como la democracia y los derechos humanos, en particular los derechos de las minorías. Y la gran paradoja de los últimos años es que, aunque se diga que tiene una “agenda oculta”, ha sido el gobierno islamista de Erdogan el que ha hecho más progresos en este campo que todos los gobiernos laicos supuestamente preservadores del legado de Atatürk.

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