Tú di que eres uno de ellos

El Tercer Nombre. Madrid (2009). 384 págs. 20 . Traducción: María Alonso del Yerro.

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Primer libro del autor, nigeriano, sacerdote jesuita desde 2003, que posee un máster en escritura creativa por una universidad norteamericana y es actualmente profesor en un seminario en Zimbabue.

Son cinco relatos que se caracterizan por tener niños en el centro de sus tramas y por ser de una enorme dureza. Algunos fueron publicados antes en The New Yorker.

Festín de Navidad se desarrolla en Nairobi: el narrador es un chico de doce años que, años después, habla de que los pocos ingresos en su casa los traía su hermana mayor, adolescente y prostituta en la calle, y de ellos dependían sus futuros estudios.

En Engordar para ir a Gabón también cuenta las cosas un chico, de diez años, que junto con su hermana pequeña, y debido a que sus padres han fallecido de sida, vive con su tío y descubre que planea venderlos como esclavos.

En Qué lenguaje es ese, dos niñas etíopes de clase alta, muy amigas, son obligadas por sus familias a no volver a tener relación entre sí pues una es cristiana y la otra musulmana.

En Coches fúnebres de lujo, situado durante la guerra civil en Nigeria, un chico musulmán de padre cristiano huye hacia el sur en un autobús donde intenta que nadie vea que su mano está cortada.

En La habitación de mis padres, quese desarrolla en Ruanda, la narradora es una niña de nueve años, hija de un hutu y una tutsi, que cuenta lo que pasa y no comprende cuando la persecución se desencadena y su madre le pide que cuide de su hermano pequeño Jean.

El autor narra con claridad, con viveza en los diálogos y sobriedad en las descripciones ambientales. No es morboso cuando ha de contar los momentos más críticos y, al mismo tiempo, no intenta suavizar sus explosivas historias lo más mínimo. Se ve que tiene la voluntad de presentar situaciones vitales extremas, tal como son o como fueron para mucha gente, pero es cuidadoso para no echar las culpas a nadie de modo simplista.

No parece que Akpan pretenda obtener conclusiones sino, más bien, dar voz a los niños y dejar que hablen al lector los mismos hechos que cuenta y los finales sin anestesia en los que se acaba la infancia de sus protagonistas.

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