Tres milenios de Europa. La conciencia europea a través de los textos

Veintisieteletras. Madrid (2007), 507 págs. 27 €. Traducción: Fernando Vela.

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Este libro, aparecido en 1961, se ha convertido en todo un clásico del europeísmo. Es mucho más que una simple antología de textos de los constructores intelectuales de Europa en un periplo histórico que se remonta al mito de Europa y el toro, recreado por el poeta Hesíodo, y llega hasta mediados del siglo XX.

A lo largo de los siglos desfilan pensadores y escritores que exponen mitos, utopías, planes de cooperación política o ensayos culturales. En todos ellos Denis de Rougemont, un suizo que vivió las incertidumbres del período de entreguerras y los horrores de la guerra, hace aflorar en una exhaustiva selección de textos las verdaderas raíces de Europa en la que no faltan las dimensiones griega, romana, judía, cristiana y germánica que han configurado los orígenes y trayectoria del continente. Lo llamativo es que esas dimensiones no son opuestas ni contradictorias sino plenamente complementarias en la formación de esa universalidad definidora de Europa.

Rougemont no es sólo un recopilador sino un completo analista que sabe buscar y relacionar autores muy diversos. Tras repasar este colosal repertorio, se entiende que el autor haya dado la vuelta a una frase de Paul Valéry y concluya que “Europa sin cultura no es más que un cabo de Asia”, afirmación de indudable actualidad en estos tiempos de relativismo cultural y de emergencia de las naciones asiáticas.

El mensaje de Rougemont es una férrea defensa de una Europa supranacional, una idea muy activa en la época de posguerra. El inicio de la integración europea, unido a un retorno al humanismo tras las atrocidades totalitarias, hacían resurgir la ilusión de rescatar a Europa de las teorías pesimistas de la decadencia extendidas antes de la guerra. Una Europa humanista y de profundas raíces culturales tendría una vocación mundial en la que cumpliría su verdadera misión. Algo muy diferente de una Europa envuelta en su prosperidad material y satisfecha de sí misma, que cree que los conflictos mundiales se resuelven con la mera extensión del Estado del bienestar. De ahí que este libro sea útil para recordar que existe una Europa de la cultura, y sin ella no tienen consistencia las dimensiones económica y política.

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