Teorema de Pitágoras

José Jiménez Lozano

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Seix Barral. Barcelona (1995). 187 págs. 1.300 ptas.

Para los lectores familiarizados con la obra de este autor castellano, puede resultar un tanto sorprendente encontrarse con una novela en la que, aun reconociéndose algunas señas de su anterior narrativa, Jiménez Lozano estrena una forma novedosa, de rasgos modernos y en cierta manera inesperados en él.

La novela, que contiene un argumento nítido, está envuelta en un discurso muy discontinuo, donde las ambigüedades, las asociaciones espontáneas de ideas, las indeterminaciones espacio-temporales de algunos momentos del relato, hacen mantener la tensión. Así, el lector necesariamente va a sentirse obligado a conjeturar, sospechar e investigar el planteamiento de una situación cargada de significados.

El tema de la novela es el mal, que adquiere en el relato la concreción de su aspecto social en los tiempos actuales: racismo, SIDA, xenofobia, capitalismo desbocado, explotación humana, violencia en todas sus formas. Un mal que cabalga en la grupa de una narración entre los ámbitos de la selva africana y los suburbios de una gran ciudad europea. Grupos de exaltados neonazis, mafias chinas de prostíbulo y drogas se conjugan con intereses de poderosas coaliciones políticas y económicas, personificadas anónimamente en pulcros ciudadanos europeos que pululan por los salones de algún hotel de lujo para turistas en África.

El mal tiene millones de víctimas, pero alguna de ellas se concreta en un personaje del relato. Pues frente a esta inmensa conjura del mal en el mundo se alza, sin apenas saberlo, un grupo de tres mujeres: una monja misionera y dos jóvenes doctoras, europeas aunque educadas en un colegio francés de algún lugar de África. Son tres mujeres llenas de fuerza y personalidad, que han encontrado -o buscan- la lógica de las cosas, que tratan de racionalizar el poder del mal, recurriendo a la imagen del teorema de Pitágoras. Las tres encarnan la esperanza: ayudan a los demás con entrega desinteresada, y representan una idea cristiana al oponer al mal su paciencia aparentemente escéptica y el sentimiento de proximidad al ser humano.

Ángel García Prieto

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