Soy Charlotte Simmons

TÍTULO ORIGINALI Am Charlotte Simmons

GÉNERO

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Ediciones B. Barcelona (2005). 897 págs. 25 €. Traducción: Eduardo Iriarte y Carlos Mayor.

A los dieciocho años, la protagonista de esta novela, una estudiante muy destacada, logra una beca para matricularse en una universidad de élite. En consecuencia, deja su pueblo de novecientos habitantes en Carolina del Norte, al pie de las Montañas Azules, y se traslada a vivir a una residencia mixta dentro del recinto del campus. La obra narra las peripecias del primer curso de la joven Charlotte, quien trata de mantener su habitual conducta de seriedad y estudio en un ambiente donde parece propiciarse todo lo contrario.

Dentro de su estilo habitual, Tom Wolfe ha reunido mucha información para crear este friso sobre la vida universitaria en Estados Unidos a comienzos del siglo XXI y para reproducir con acierto las peculiaridades del lenguaje estudiantil. En torno a Charlotte, una típica americana de clase media, ingenua y aplicada, se despliega un complejo entramado donde alumnos y docentes parecen interesados en todo menos en lo que se supone que debería ser su objetivo primordial: el estudio.

Wolfe se muestra satírico e incluso caricaturesco con la importancia que se da al deporte, hasta el extremo de que los deportistas tienen asignaturas a su medida, que no exigen el menor esfuerzo para aprobarlas, y lo mismo con los condicionamientos políticamente correctos que marcan las actitudes de profesores y autoridades académicas. Pero, sobre todo, la obra dedica la mayoría de su dilatado número de páginas a la degradada vida de alcohol, sexo y drogas que lleva una alta proporción de los alumnos, descrita con todo detalle y expresada por medio de un estilo tupido de términos obscenos.

La novela, pese a ser demasiado extensa, interesa por la viveza de su colorido ambiental y lo agudo y certero de las críticas que encierra respecto a la pérdida de dignidad y prestigio de los centros universitarios y a la carencia de normas que en ellos impera. Sin embargo, la crudeza hiperrealista con que Wolfe argumenta a lo largo de numerosas escenas resulta excesiva e innecesaria para plasmar un mensaje que desde el principio queda ya suficientemente explícito para cualquier lector.

Pilar de Cecilia

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