Sin raíces. Europa, relativismo, cristianismo, Islam

Península. Barcelona (2006). 140 págs. 16 €. Traducción: Pablo Largo y Bernardo Moreno Carrillo.

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El hasta hace unas semanas presidente del Senado italiano, Marcello Pera, y el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe pronunciaron sendas conferencias en mayo de 2004, que el primero reúne en este libro, junto a la correspondencia mantenida después por los autores. La conferencia del cardenal Ratzinger ante el Senado italiano es una versión actualizada de aquella famosa que pronunció en 2000 en Berlín sobre “Europa, política y religión”.

Son dos conferencias con dos diagnósticos similares: Europa está en crisis, atenazada por el relativismo, que le hace renegar de sí misma y de sus raíces cristianas. De estas raíces brota precisamente la fuerza vital que caracteriza su civilización y sin las cuales no se explica ese rasgo tan característicamente occidental: manifestaciones culturales con valor y significado universales, desde la ciencia a los derechos humanos.

El pensamiento políticamente correcto se ha convertido en un eficaz instrumento de autocensura. Queremos la “paz” a cualquier precio, mientras no conlleve exigencias personales demasiado gravosas. El relativismo nos ha predispuesto para la rendición frente a quienes nos declaran la guerra, porque nos hace creer que no hay nada por lo que merezca luchar. Y nos “defiende” de cualquier pretensión de verdad, prejuzgada como “intolerante” y “fundamentalista”.

Marcello Pera propone una alianza entre católicos y laicos para configurar una “religión civil”, necesaria para la supervivencia de la sociedad. Éste es, en esencia, el modelo norteamericano, que da por supuestos ciertos valores emanados del cristianismo, aunque se mantiene en la estricta aconfesionalidad estatal. Ello no impide la presencia pública de la fe, ya que, frente a lo que sucede en Europa, lo no estatal no queda excluido del espacio público. El cardenal asiente… con matices. “Una cosa viva sólo puede surgir de otra cosa viva”. Por eso, con Toynbee, destaca la importancia de unas “minorías creativas”, “personas que, en el encuentro con Cristo, hayan encontrado la perla preciosa que dé valor a toda la vida, de manera que los imperativos cristianos no sean ya un lastre que inmoviliza a la persona, sino, más bien, unas alas que lo llevan hacia lo alto”.

La alegría y la razón son los dos argumentos capaces de devolver a Europa la vitalidad perdida. La presencia pública del cristiano es fundamental. “Hoy en día, es sumamente urgente mostrar un modelo de vida cristiano que ofrezca una alternativa válida a las dimensiones cada vez más vacuas de la sociedad del tiempo libre” y un “esfuerzo” también “por adquirir una imagen del mundo basada en el espíritu y en el sentido”. La esperanza de quien es hoy Benedicto XVI reside en el testimonio de esas “minorías creativas”, capaces de dialogar y de proponer a tantos que “no se sienten en condiciones de dar el paso de la fe eclesial, que pero a menudo buscan desesperadamente la verdad”.

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