Siguiendo mi camino

Acantilado.

Madrid (2013).

480 págs.

26 €.

GÉNERO

Wiesenthal, español de origen alemán, es un escritor de amplio espectro y bastante prolífico: ha escrito ensayo, novela, enciclopedia y libros sobre vinos y viajes. Fue estudiante de canto en Italia y cantante en cafés europeos, en hoteles de lujo y en trasatlánticos. En este libro anuda memorias y pensamientos con el colorido y la plasticidad de una novela. Al modo autobiográfico, Wiesenthal nos presenta su propia vida, rica en viajes, canciones y conversaciones.

Aunque el hilo conductor que se nos anuncia sea la música, la cantada por él en forma de boleros, zambas, tangos y canciones rusas y americanas, es más bien la propia lengua castellana en forma de canciones y versos la que le sirve para hilvanar mitos y recuerdos, historias universales y otras personales, anécdotas entretenidas y poemas propios.

Sus memorias y pensamientos nos llevan a los numerosos lugares donde ha viajado: Cádiz, Nueva York, África, Rusia, Hamburgo, París y otros muchos. En esta combinación elige palabras y relaciona su origen etimológico con mitos, razas, etnias, historias antiguas, tradiciones, canciones o sabrosas comidas. Y de ahí deriva anécdotas y retrata el alma de la gente, de los gitanos en el circo, o de los mexicanos, de los andaluces en su Semana Santa o de los musulmanes en Estambul.

De modo autobiográfico destila su añoranza del buen castellano, del modo elegante de ser y vivir, de la verdadera cultura europea que alimenta con sus mitos y filósofos, y critica a Heidegger y rescata a Ortega y Gasset, por ejemplo. Su vasta cultura y su abundante obra escrita le proporcionan una gran soltura al escribir y salta de un tema histórico a una anécdota con Julián Marías y de un comentario político a otro sobre la Candelaria o la Virgen del Rocío. Es tajante en sus opiniones políticas y en sus juicios sobre oportunistas o capitalistas: no tiene ideología ni se suma a etiquetas, sino que muestra un pensamiento y una vida libre y sin adscripciones que le den ventajas. Sus reflexiones son críticas, bien fundamentadas y elegantes.

No hay orden ni un atenerse a tema, lugar o composición musical: cada recuerdo le trae otros y su escritura es caudalosa, variada, chispeante y llena de anécdotas y de lírica, de versos y poemas, algunos propios y otros traídos de su propia vida y de sus libros, que cita frecuentemente.

Siguiendo mi camino proporciona una lectura deliciosa y culta.

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