Sugerencias de literatura infantil y juvenil (Navidad 2005)

Dentro del amplio campo de la literatura infantil y juvenil, seleccionamos algunos títulos editados en España en los últimos meses, entre novedades y libros clásicos recuperados. Entre las novedades de 2005 destacan el álbum de Rebecca Dautremer, "Princesas olvidadas y desconocidas", y la novela de Tonke Dragt, "Carta al Rey". Esta relación continúa las listas de los años 2002, 2003 y 2004.

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POESÍA PARA NIÑOS

T. S. Eliot “El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum” (“Old Possum’s Book of Practical Cats”, 1939). Edición bilingüe. Valencia: Pre-Textos, 2004; 92 pp.; col. La cruz del sur; trad. de Regla Ortiz Mogollón; 11 €.

Estos quince poemas en verso libre, todos sobre gatos, fueron escritos por Eliot para los hijos de su editor cuando ya era un poeta con fama. Se inscriben en la mejor tradición del «nonsense» que abrieron Edward Lear y Lewis Carroll, están diestramente compuestos y en ellos hay variedad de versos y de rimas. Además, son divertidos y tienen personajes inolvidables como el viejo Deuteronomio, el misterioso Macavity, o el gato pirata Morgan. La edición está pensada para un público adulto: su formato es pequeño y no tiene ilustraciones. Sin embargo, su carácter bilingüe, necesario pues no es posible reproducir el sonido de los versos ingleses en castellano y no es fácil tampoco trasladar algunas referencias y acentos británicos, puede hacerlo útil para quien desee practicar inglés.

Eduardo Polo, “Chamario” (2004). Caracas: Ekaré, 2004; 56 pp.; ilustraciones de Arnal Ballester; prólogo de Eugenio Montejo; 7 €.

Colección de veinte rimas para niños a las que el autor llamó Chamario pues «chamo» es la forma cariñosa de llamar a los niños en Venezuela. Son poemas musicales, inteligentemente humorísticos, de los que parecen sencillos pero cuya composición revela talento poético y un gran dominio del lenguaje. El autor juega con repeticiones: «El hipopó tamo-tamo / y el elefán fan-fan / dentro de un mismo pantano / bailando juntos están», comienza El hipopótamo. O con cambios de letras en las palabras, como se ve al principio de Don Gatuque: «En el piso veintiduque / de un altísimo edifacio / Don Gato, que allí era duque / disfrutaba su palacio». Cada una de las ilustraciones, compuestas con figuras y colores planos, ocupa la página opuesta a la que contiene la poesía. Si con frecuencia las ilustraciones de los libros de poesía son abstrusas no es así en este caso: son graciosas y sugerentes, expanden el contenido de las poesías y siguen sus ritmos juguetones.

 


ÁLBUMES ILUSTRADOS PARA PEQUEÑOS

 

Jan Ormerod, “Buenos días” (“Sunshine”, 1981) y “Buenas noches” (“Moonlight”, 1982). Barcelona: Serres, 2005; 30 pp. 12 € cada uno.

Por fin han llegado al mercado español estos dos clásicos álbumes para prelectores, los más significativos de la ilustradora australiana. En “Buenos días” se muestran las rutinas del despertarse y prepararse para ir al colegio de una niña. Y en “Buenas noches” las de acostarse, donde no falta la lectura de un libro.

Álbumes sin texto, compuestos a base de magníficas acuarelas, perfectamente secuenciadas y a veces agrupadas en viñetas al modo de los cómics, con dibujos que dan gran expresividad a los rostros y a los movimientos, con toques realistas de buen humor muy acertados.

Philippe Corentin, “El ogro, el lobo, la niña y el pastel” (“L’Ogre, le loup, la petite fille et la gâteau”, 1995). Barcelona: Corimbo, 2004; trad. de Anna Coll-Vinent. 9,50 €.

Un ogro que ha capturado, para comérselos, a un lobo, a una niña y a un pastel, quiere atravesar el río para llegar a su castillo. Pero en la barca sólo caben él y otro más, con lo que se suceden los viajes a uno y otro lado… Álbum muy bien secuenciado con ilustraciones coloristas y divertidas, y personajes expresivos en sus gestos de satisfacción o desencanto. En cada paso del relato se añaden detalles que aumentan la tensión.

Mo Willems, “¡No dejes que la Paloma conduzca el autobús!” (“Don’t Let the Pigeon Drive the Bus!”, 2003). Barcelona: Entrelibros, 2004; 36 pp. 11,50 €.

Antes de marcharse por un rato, el conductor del autobús pide a los lectores que no dejen que la Paloma conduzca el autobús. La Paloma se queda sola frente al lector-interlocutor y, en sucesivas escenas, intenta convencerle de que le deje hacerlo. Mo Willems, dibujante de cómic, escritor y animador de la serie televisiva de dibujos “Barrio Sésamo”, es capaz de presentar sentimientos de modo muy sintético, por medio de dibujos minimalistas muy expresivos. Es un relato que refleja bien un aspecto del comportamiento de algunos niños cuando se han encaprichado con algo, así como la necesidad de decirles que no.

Mo Willems, “¡La paloma encuentra un hot dog!” (“The Pigeon Finds a Hot Dog”, 2004); Barcelona: Entrelibros, 2005; 36 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; 12 €.

Después del éxito de “¡No dejes que la Paloma conduzca el autobús!” el autor repite fórmula. Esta vez la Paloma no quiere compartir su «hot dog» con un insistente Patito. Con los mismos dibujos minimalistas expresivos, una historia más sobre el comportamiento manipulador de algunos niños cuando se han encaprichado con algo.

Steve Jenkins y Robin Page, “¿Qué harías con una cola como ésta?” (“What Do You Do with a Tail Like This?”, 2003). Barcelona: Juventud, 2004; 32 pp . 11,30 €.

Álbum que comienza proponiendo la pregunta ¿qué harías con una nariz como ésta? a la vez que muestra unas cuantas narices de distintos animales, y a continuación aparecen los animales y se dan las respuestas. Y la secuencia se repite con orejas, colas, ojos, bocas, y patas.

En los álbumes es frecuente la idea de plantear una pregunta mostrando parcialmente un dibujo en una página, y ofrecer la respuesta, textual y visual, en la siguiente. En este caso se usa ese recurso con gran categoría pictórica: los colages tienen las texturas y el colorido propio de los diferentes animales de modo que parecen «saltar» de la página.

H. B. Lewis, “Mi pingüino Osvaldo” (“My Penguin Osbert”, 2004). Texto de Elizabeth Cody Kimmel. Madrid: Kókinos, 2004; 34 pp.; trad. de Esther Rubio. 12,50 €.

Un niño pie a Papá Noel un pingüino y, efectivamente, lo recibe. Pero entonces Osvaldo, el pingüino, quiere jugar en el exterior aunque hace frío, darse baños de agua fría y echar en ella pastillas de jabón que floten como icebergs, desayunar arenques frescos…

El ilustrador compone las escenas de modo cinematográfico y consigue transmitir los sentimientos que respira la historia. El relato habla con humor pillo de aprender a manejar los propios deseos, de saber aceptar las consecuencias de las propias decisiones, de lo que significa la responsabilidad de tener que cuidar a alguien.

Polly Dunbar, “Lola con alas” (“Flyaway Katie”, 2004). Barcelona: Serres; 2004; 36 pp.; adaptación de Raquel Mancera. 11,40 €.

A Lola todo le parece gris menos el cuadro de pájaros de su habitación, lleno de colorido. Y entonces Lola empieza su transformación: se pone un sombrero verde, unos leotardos amarillos, unos zapatos azules, un vestido rosa, se pinta ella misma…, y acaba entrando en el cuadro.

Álbum simpático y bien concebido. El argumento es un viaje más al mundo de la fantasía y su regreso, y trata sobre cómo los estímulos que proceden del arte y los colores pueden cambiar el estado de ánimo del niño y aumentar su sensibilidad artística. Otra cosa es cuánto puede gustar tal argumento a los niños…

Carme Peris I Lozano, “¡Buenas noches, abuelo!” (2004). Texto de Roser Bausà i Peris. Salamanca: Lóguez, 2004; 28 pp.; col. Rosa y manzana; 11,50 €.

A Marta su madre le dice un día que quizá la estrella que le hace guiños desde arriba es el abuelo. Y le da una explicación poética de su muerte. Marta vuelve a su habitación y piensa en su abuelo, y habla con él, y se duerme.

Ilustraciones expresionistas que transmiten a la vez sentimientos de pérdida y de serenidad esperanzada. Dentro de los relatos para pequeños que tratan sobre la muerte de un ser querido, las autoras optan por abrir puertas a la esperanza del niño, un buen paso adelante. Ahora bien, la historia sigue dejando en el aire las preguntas importantes acerca de las creencias sobre las que puede apoyarse la esperanza.

Bárbara Firth. Texto de Martin Waddell, “Duerme bien, osito” (“Sleep Tight, Little Bear!”, 2005). Madrid: Kókinos, 2005; 30 pp.; trad. de Esther Rubio; 12 €.

Este tándem de autor e ilustradora obtuvo un éxito resonante hace ya quince años con ¿No duermes, osito? y, como suele ocurrir, continuaron en álbumes sucesivos con los mismos personajes y temas. Es un relato en el que las situaciones se reiteran y en el que un padre dedica tiempo a los deseos de su hijo. Las ilustraciones afectivas ayudan a la conexión emocional con los lectores, no necesariamente los niños.

Aliki, “¡Estoy creciendo!” (“I’m Growing”, 1992) y “Mis manos” (“My Hands”, 1962 y 1990); Barcelona: Juventud, 2005; 32 pp.; trad. de Elodie Bourgeois; 10 € cada uno.

Dos álbumes más de la ilustradora norteamericana, experta en libros informativos. En esta ocasión son dos libros para prelectores, sencillos en contenidos y en ilustraciones, cuya finalidad es informar a chicos más pequeños en relación a cuestiones básicas de la vida.

Eric Carle, “Don Caballito de Mar” (“Mister Seahorse”, 2004). Madrid: Kókinos, 2005; 36 pp.; trad. de Miguel Angel Mendo; 13,50 €.

De todos los libros mencionados en esta selección, el mejor, aunque no sea superior a los demás del mismo autor, pero es que Eric Carle es uno de los mejores autores de álbumes. En este caso presenta un paseo por el fondo del mar del protagonista, que va saludando a distintos congéneres, todos ellos peces en los que, como el Caballito, el macho cuida algún tiempo a los huevos: el pez espinoso, la tilapia, el pez- flauta, el tiburón-toro, y otros. En casi todos los álbumes de Carle hay alguna originalidad compositiva que actúa como enganche para el lector, y aquí son unas páginas transparentes en las que se ven unos juncos, unos arrecifes de coral, unas algas, detrás de los cuales se ocultan distintos animales…

 


ÁLBUMES ILUSTRADOS PARA NIÑOS MAYORES

 

Lane Smith, “El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos” (“The Stinky Cheese Man”, 1992); texto de Jon Scieszka; Barcelona; Thule Ediciones, 2004; 52 pp.; col. Trampantojo; trad. de Jorge González Batlle. 17 €.

Los autores son expertos en álbumes postmodernos que reformulan argumentos de cuentos clásicos. La novedad esta vez no está tanto en que la carga irónica de los mismos cuentos como en la completa rotura de todas las convenciones tipográficas y de composición que normalmente se respetan en un libro. En este sentido es un álbum completamente adulto.

Algunos lectores tendrán la sensación, sin embargo, de que los autores se pasan de graciosos. Con todo, es un álbum valioso gráfica y conceptualmente.

Roberto Innocenti, “La historia de Erika” (“Erika’s Store”, 2003). Texto de Ruth Vander Zee. Pontevedra: Kalandraka, 2005; 32 pp.; trad. de Pilar Martínez y Xosé M. González. 15,40 €.

Relato sobre un suceso trágico más de la segunda Guerra Mundial que aquí viene contado por la propia protagonista: una mujer que, siendo un bebé, fue arrojada del tren por su madre. La emotividad del relato viene subrayada por las poderosas ilustraciones de Roberto Innocenti. Ahora bien: no estamos tanto ante un álbum, como podría ser el clásico “Rosa Blanca” que también firmara Innocenti, como ante un texto con magníficas imágenes.

Shaun Tan, “El árbol rojo” (“The Red Tree”, 2001). Cádiz: Barbara Fiore, 2005; 32 pp.; trad. de Carles Andreu Saburit y Albert Vitó Godina; 10 €.

La niña narradora explica que hay días en que todo empieza mal y va de mal en peor, crecen los problemas, no sabes qué hacer… y parece que el día va a terminar igual que comenzó pero… Álbum especial, cuyas características harán que guste mucho a unos y poco a muchos. El acercamiento al mundo de los álbumes del autor es distinto a lo habitual, tanto gráficamente como en contenidos. Su procedencia de la ciencia-ficción se nota en los acentos de sus poderosas ilustraciones, bien compuestas con colages y técnicas mixtas, que son abigarradas e intensas, tienen claras influencias surrealistas y presentan un mundo amenazador y opresivo. Es magnífica la ilustración introductoria: atractiva e inquietante a la vez, mete dentro del lector el interés por acompañar a la protagonista en su recorrido.

Rébecca Dautremer. Texto de Philippe Lechermeier, “Princesas olvidadas o desconocidas” (“Princesses oubliées ou inconnues”, 2004). Madrid: Edelvives, 2005; 92 pp.; trad. de P. Rozarena. 17 €.

En muchas dobles páginas se presentan distintas princesas: Blandina, Fasolá y Dorremí, Deletrea de Eritrea, Farragosa, Caprichosa, Amnesia, Locuacilla de Babel, Tremenduskah, Tragaldabas del Peloponeso, y muchas otras. En unas pocas se nos habla de distintas circunstancias de la vida de una princesa: del Lenguaje internacional del abanico, de los Escudos y/o Blasones, de los Palacios y Residencias, etc. Al final hay una «Guía práctica sobre lo que conviene saber acerca de las princesas», un test para saber «qué clase de princesa eres», una colección de proverbios, un índice alfabético completo…

Álbum excepcional en el que se conjugan a la perfección unas ilustraciones ricas y poderosas con un texto posmoderno en su estilo bromista, en su carácter fragmentario, y en su multitud de referencias a cuentos clásicos. Es un libro que sobrepasa, con mucho, los estándares habituales de los libros infantiles y juveniles: en su tamaño y extensión, en su riqueza pictórica y en la inteligencia chispeante del texto.

 


NARRATIVA PARA NIÑOS

 

Esopo, “Fábulas de Esopo” (“Aesop’s Fables”, 2003). Barcelona: Juventud, 2004; 95 pp.; col. Cuentos universales; selección de cincuenta y tres fábulas a cargo de Russell Ash y Bernard Higton, con ilustraciones de 29 artistas distintos. 18 €.“Las mejores fábulas de Esopo” (“Unwitting wisdom, an antholgy of Aesop’s animal fables”, 2004). Barcelona: Parramón, 2004; 64 pp.; selección de doce fábulas e ilustraciones de Helen Ward; trad. de Marta Pagés. 21 €.

Dos ediciones recientes de fábulas clásicas. La segunda tiene formato grande y aires de álbum ilustrado: es un trabajo para el lucimiento de la ilustradora cuyo atractivo visual puede acercar a los niños a esos textos. La primera contiene muchas más historias y gustará más, por tanto, a quien es más lector; además cada fábula está ilustrada con una o dos imágenes a cargo de grandes ilustradores.

Salvador Bartolozzi, “Pinocho”. Edición de cuatro aventuras de la serie que firmara el autor en los años veinte: las tituladas “Pinocho Emperador”, “Pinocho en la China”, “Pinocho en la Luna”, “Pinocho en la isla desierta”. Madrid: Edaf, 2005; 104 pp.; col. Biblioteca del Recuerdo; semblanza biográfica y comentario de María del Mar Lozano Bartolozzi. 23 €.

En la estela de la obra de Collodi, la serie completa de Pinocho quizá sea la mejor obra en la literatura infantil y juvenil española de la primera mitad del siglo XX. Arrancó en 1917 y se compone de 48 relatos que destacan por su formidable inventiva y un lenguaje sencillo y rico en el que con frecuencia se apela directamente al lector pero no se cae en la ñoñería. En todas las páginas, ocupándolas a veces por completo, hay formidables dibujos en color, con aspecto de siluetas caricaturescas, brillantes y cultistas, de transición entre el modernismo y las vanguardias.

Dino Buzzati, “La famosa invasión de Sicilia por los osos” (“La famosa invasione degli Orsi in Sicilia”, 1945). Madrid: Gádir, 2004; 143 pp.; ilust. del autor; trad. de María Estébanez. 18 €.

Relato con doble nivel de lectura. El lector-niño conectará con las aventuras del pueblo de osos que se hacen con el poder en Sicilia, contadas con ritmo ágil y hábilmente mostradas con unas excelentes ilustraciones del mismo Buzzati. Pero el autor italiano recurre a la fantasía y a un acentuado humor irónico para plantear temas de más calado, como el de la corrupción que puede llegar con el poder.

Elizabeth Goudge, “El pequeño caballo blanco” (“The Little White Horse”, 1946). Barcelona: Salamandra, 2004; 224 pp.; trad. de Adolfo Muñoz García y Nieves Martín Azofra. 11,25 €.

A la muerte de su padre en 1842, María Merryweather, una chica huérfana de trece años, se va a vivir con su tío Benjamin. Allí conocerá toda la historia de su pasado familiar y deshará la maldición que persigue al lugar y a su familia. Este libro vuelve a editarse debido a la recomendación entusiasta de J. K. Rowling: Y, ciertamente, tiene un arranque formidable, una protagonista encantadora y unos secundarios inolvidables. Es impresionante la calidad y la precisión de las descripciones. Por eso, a pesar de que la novela pierde fuelle según avanza, merece ser conocida.

Isaac Bashevis Singer, “Cuentos para niños” (“Stories for Children”, 1984). Madrid: Anaya, 2004; 352 pp.; ilust. de Javier Sáez Castán; prólogo de Vicente Muñoz Puelles, con trad., apéndice y notas de Andrea Morales. 17,50 €.

Edición conmemorativa de los cuentos del autor judío con ocasión del centenario de su nacimiento. En algunos el autor evoca sucesos o anécdotas intrascendentes de su infancia y adolescencia con acentos casi mágicos. En otros, emplea su estilo personalísimo y sugestivo para fabricar narraciones con un reconocible sabor tradicional. Por la edad a la que los publicó son buena muestra de su madurez y vigor narrativos.

Julian Press, “Misterio en el monasterio del cuervo” (“Die Lakritzbande, Tatort Kräbenstein”, 2003). Madrid: Espasa Calpe, 2005; 126 pp.; col. Enigmas; ilust. del autor; trad. de Isabel Hernández. 10,90 €.

De nuevo La Banda del Regaliz en acción, como en “Operación Dragón Amarillo” y “Operación Cetro de oro”. Esta vez deben resolver cuatro casos con la misma estructura de otras veces: el texto de cada capítulo va en la página izquierda y, entre la multitud de detalles que se contienen en la ilustración de la página derecha, hay alguna pista reveladora que los hábiles protagonistas han visto ya: ¿logrará descubrirla el lector antes de seguir leyendo? Los mini-relatos atrapan también a quienes son poco lectores, pues lo desafían, le hacen leer con atención, y le impulsan en la lectura hacia delante.

Ramón García Domínguez, “Brandabarbarán de Boliche. Aventuras y desventuras de Alonsico Quijano” (2004). Madrid: Anaya, 2004; 150 pp.; ilust. de Federico Delicado. 12,20 €.

Relato sobre la infancia de don Quijote con aventurillas que adelantan las que vivirá luego. En él abundan las referencias a obras del Siglo de Oro español, pero también las hay a mitos clásicos y no faltan otras a Julio Verne y Alicia y sus particulares viajes al centro de la tierra. En el texto van en cursiva los párrafos tomados literalmente del Quijote. Los diálogos son vivos, el vocabulario es rico y son frecuentes los juegos de palabras. En otro nivel, creo que Cervantes podría estar de acuerdo con que su don Quijote joven dijese que “un ideal en la vida es lo más importante que puede y debe tener un hombre”, y que para tener un ideal hay que mirar con los ojos del alma, pero me temo que discreparía si a continuación tener un ideal se identifica con “aprender a tener fantasía”. Las acuarelas que ilustran el texto son excelentes.

Suzanne Collins, “Gregor: la Profecía del Gris” (“Gregor the Overlander”, 2003). Madrid: Alfaguara, 2004; 291 pp.; col. Alfaguara juvenil; trad. de Isabel González-Gallarza. 12,95 €.
“Gregor: la Profecía de la Destrucción” (“Gregor and the Prophecy of Bane”, 2004). Madrid: Alfaguara, 2005; 288 pp.; col. Alfaguara juvenil; trad. de Isabel González-Gallarza. 12,95 €.

Primera y segunda entregas de una serie de cinco. Gregor, once años, y su hermanita Boots, tres años, viven en un apartamento en Nueva York pero un día bajan juntos a la lavandería y, allí, ambos son absorbidos por un túnel y llegan a un mundo extraño, las Tierras Bajas, donde conviven hombres, murciélagos, ratas, cucarachas gigantes. Una profecía misteriosa parece indicar que les esperan.

Narraciones bien estructuradas y llevadas a buen paso, con descripciones eficaces y protagonistas bien definidos. Está logrado el artificio de presentar al principio de cada trama el texto de una profecía que da claves equívocas tanto a los protagonistas como al lector. De todas formas, la confección es artificiosa y el lector pueda acabar con la impresión de que todo es como un ejercicio imaginativo montado, eso sí, con gran oficio. También Gregor es asombrosamente sereno y reflexivo para sus once años, y su hermanita Boots, que todavía no habla con claridad, tiene un comportamiento de lo más maduro.

René Goscinny, “El pequeño Nicolás: La vuelta al cole”, “El chiste”, “¡Diga!” (“Histoires inédites du petit Nicolas”, 2004). Madrid: Alfaguara, 2005; 232, 232, 232 pp.; trad. de Miguel Azaola; 11 € cada uno.

El pequeño Nicolás es un personaje cuyas historias se publicaron en un periódico entre 1959 y 1965. Un libro con la primera recopilación apareció el año 1961 y, en vida del autor, se publicaron cuatro más. Su familia dio a conocer, el año 2004, ochenta episodios inéditos más que, como los anteriores, también fueron ilustrados por Jean Jacques Sempé, y que acaban de publicarse ahora en España en tres libros. En cada una de las escenas, desde su horizonte infantil, contradictorio pero diáfano, Nicolás habla de las relaciones con sus padres, de su vida en el colegio y del comportamiento de sus amigos.

Es gozoso redescubrir el ingenio de Goscinny a la hora de los juegos de palabras sencillos pero eficaces, su acierto para dar con expresiones felices cuando describe la conducta cotidiana, su capacidad de observación para ofrecer al lector nuevas perspectivas de situaciones comunes, en especial a la hora de presentar las cosas con argumentaciones de chaval, su maestría en el uso de la ironía dramática, esos momentos en los que el lector ya sabe lo que los protagonistas ignoran.

Las dinámicas ilustraciones de Sempé subrayan el humor irónico de Goscinny, más y mejor aún que lo hacían en los primeros libros. Con trazos aparentemente simples pero detallistas, transmite rasgos propios del comportamiento de niño con desenfado y simpatía, y muestran con enorme talento las escenas de grupos, estáticos o en movimiento: atención en clase, juegos colectivos, etc.

 


NARRATIVA PARA JÓVENES

 

C.S. Lewis, “Las Crónicas de Narnia”. Destino. Barcelona (2005). 11,95 € cada uno.

Hace más de cincuenta años C.S. Lewis creó el fantástico mundo de Narnia. Ediciones Destino reedita ahora esta obra mayor de la literatura infantil-juvenil. Son siete libros (por ahora se han publicado los cinco primeros), independientes pero relacionados, con ilustraciones de Pauline Baynes. El núcleo argumental es un intento de contar la Creación y la Redención con un formato inesperado. Junto al explícito deseo apologético, la serie tiene auténtico valor literario.

Josef Martin Bauer, “Tan lejos como los pies me lleven” (“So weit die flüsse tragen”, 1955). Barcelona: Edhasa, 2004; 576 pp.; trad. de Pere-Albert Balcells. 28 €.

Relato basado en un hecho real, contado al autor, un periodista bávaro, por su protagonista, un oficial del ejército alemán que fue hecho prisionero por los rusos al final de la guerra. La primera mitad del libro cuenta su vida y su trabajo en unas minas en el extremo nororiental de Siberia. La segunda mitad es su escapada, desde 1949 hasta 1951, atravesando toda Siberia, viviendo temporadas en poblados de nativos y en compañía de otros cazadores fugitivos, hasta que logró llegar a Teherán y ser repatriado en 1952 a Alemania. Hay una cierta caída de tensión en la narración de la parte final de su escapada. En su conjunto es una apasionante aventura, también por cómo se reconstruye con talento todo el mundo interior de pensamientos y emociones del protagonista.

Louise May Alcott, “Mujercitas” (“Little Women, or Meg, Jo, Beth and Amy”, 1868). Barcelona: Lumen, 2004; 761 pp.; col. Narrativa; ilust. de Frank T. Merrill; trad. y prólogo de Gloria Méndez. 25 €.

Cuidada edición de esta novela clásica, donde la autora vuelca muchas experiencias autobiográficas en su optimista y sentimental relato sobre la vida durante un año de las cuatro hermanas, bajo la vigilante y cariñosa mirada de su madre. En ella se contienen algunas páginas que se suprimieron cuando el texto se imprimió las primeras veces, y también la segunda parte de la historia, y se incluyen las ilustraciones de la primera edición.

John Knowles, “Una paz solo nuestra” (“A Separate Peace”, 1959). Madrid: Alianza Editorial, 2004; 245 pp.; col. El libro de bolsillo, Biblioteca media; trad. de Javier Alfaya McShane. 5,70 €.

Relato colegial ambientado en un internado norteamericano en los años 1942 y 1943. El narrador tenía entonces 16 años y él y sus compañeros esperaban su próximo alistamiento. Su vida estaba entonces marcada por su amistad con Finny, un chico con gran capacidad de liderazgo, que despierta en él sentimientos encontrados.

Lo que comunica su mayor atractivo y valor a la novela es el filtro con el que se nos cuenta todo: pronto queda claro que quien narra no es completamente fiable, que le cuesta reconocer las cosas como realmente fueron, que tanto él como quienes le rodean se autoengañan. Al final, comprende que la verdadera guerra está dentro del corazón, que la maldad nace del interior del hombre.

William Saroyan, “La comedia humana” (“The Human Comedy”, 1943). Barcelona: El Acantilado, 2004; 216 pp.; col. Narrativa del Acantilado; trad. de Javier Calvo. 11,55 €.

Ithaca, una población de California, cuando Estados Unidos está en guerra y muchos chicos jóvenes están movilizados. El argumento se centra en la vida de la familia Macauley, compuesta por la madre, la hija Bess, el pequeño Ulises, y Homero, de catorce años, que trabaja repartiendo telegramas. Los personajes son todos alegres y sabios, quizá demasiado, pero resultan simpáticos y cercanos.

César Vidal, “El último tren a Zurich” (2004). Madrid: Alfaguara, 2004; 202 pp.; col. Alfaguara, serie roja. 7 €.

1937. Nada más llegar a Viena, donde va para estudiar Arte, el joven Eric Rominger presencia la irrupción de unos jóvenes nazis en una cafetería donde un hombre sereno, el escritor Karl Lebendig, les hace frente. Entablan amistad y, más adelante, Lebendig ayuda a Eric cuando quiere salir con Rose, una compañera de clase. Lebendig instruye a Eric y a Rose sobre quiénes son de verdad Hitler y sus secuaces. Argumento construido con rasgos parecidos a los de otros relatos juveniles del autor: historia tensa y bien contada, protagonista joven con consejero adulto sabio y valiente, diálogos explicativos claros, escenario histórico bien dibujado.

Jonathan Stroud, “El amuleto de Samarkanda” (“The Amulet of Samarkand”, 2003). Barcelona: Montena, 2004; 441 pp.; col. Serie infinita; trad. de Laura Martín de Dios. 16,50 €.

En Londres, capital de un Imperio Británico gobernado por hechiceros donde la gente normal son ciudadanos plebeyos, Nathaniel, cinco años, aprende su oficio como hechicero y, cuando es humillado por el poderoso Simon Lovelace, decide vengarse invocando para eso a un genio muy antiguo llamado Bartimeo. Primer libro de una trilogía que ha irrumpido con fuerza en la frenética carrera detrás de los libros de Harry Potter. La novela está bien escrita, la trama está bien urdida, abundan los golpes de ingenio y, sobre todo, es excelente la voz narrativa de Bartimeo. Eso sí, es todo muy artificioso, una y otra vez vemos ramalazos que parecen tomados de distintas novelas del género. La moralidad de Nathaniel y de Bartimeo deja que desear: la conciencia de ambos sólo asoma en los momentos en los que les mueve algo la piedad, y, sin duda, el motor más frecuente de sus acciones es la vanidad o la venganza o una pura y simple reacción de rechazo hacia seres como Lovelace.

George Macdonald, “La princesa y Curdie” (“The Princess and Curdie”, 1877). Madrid: Siruela, 2005; 258 pp.; col. Las Tres Edades; trad. de Cristina Sánchez-Andrade; ilust. de Helen Stratton; 16 €.

Relato que continúa La princesa y los trasgos. Unos años después de que la princesa Irene se fuera con su padre a la ciudad de Gwyntystorm, Curdie ve personalmente a la vieja señora, la gran-más-que-abuela. Ella le concede un don especial para que pueda desempeñar una misión: conjurar la gran amenaza que se cierne sobre Irene y su padre. Descripciones de calidad, diálogos inteligentes, hilo argumental directo, personajes singulares, escenas intensas… Aunque tiene menos encanto que La princesa y los trasgos: debido a la mayor preponderancia de lo fantástico-inexplicable sobre lo aventurero y debido a su coda final un tanto pesimista, es un libro excelente.

Robert Erskine Childers, “El enigma de las arenas” (“The Riddle of the Sands”, 1903). Barcelona: Edhasa, 2005; 426 pp.; col. Polar; trad. de Benito Gómez Ibáñez; 21 €.

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