Señor del mundo

Homo Legens.
Madrid (2006).
336 págs.
19,50 €.
Traducción: Miguel Martínez-Lage.

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¿Un clérigo escribiendo novelas de ciencia-ficción? Robert Hugh Benson fue algo más que un simple clérigo inglés: hijo del arzobispo de Canterbury (cabeza de la Iglesia anglicana), su conversión al catolicismo en 1903 causó un enorme revuelo. También fue algo más que un novelista ocasional: sus quince novelas atestiguan su dedicación al oficio. Y su incursión en la ciencia-ficción tuvo más de parábola social que de curiosidad futurista. De entrada, hay que señalar que “Señor del mundo” es una magnífica novela. A pesar de tener ya un siglo, cobra actualidad porque su acción se sitúa precisamente en los primeros años del siglo XXI y también porque los problemas que imagina Benson para nuestra generación son los nuestros.

Después de un siglo de encarnizadas luchas por el poder mundial, tres grandes bloques buscan el equilibrio: América, Europa y Oriente. Cuando parece que la tensión generará una nueva guerra de grandes proporciones, un diplomático americano logra el milagro: la ansiada paz mundial. Felsenburgh, un hombre sin pasado, es aclamado como el salvador allí por donde pasa, y consigue gracias a su magnetismo personal llegar a la cúspide del poder. Es el Señor del mundo, una especie de mesías que dice abanderar la justicia y la verdad, y que es investido con plenos poderes para instaurar la nueva época de paz perpetua.

La sociedad que presenta Benson hace tiempo que dejó de ser cristiana. Las grandes religiones se han plegado al relativismo y sólo los católicos resisten como pueden ante el empuje del nuevo credo. Felsenburgh representa el hombre nuevo, libre de dogmatismos religiosos, como un dios hecho hombre que representa la divinidad de la Humanidad. Como en nuestros tiempos, el adalid de la Tolerancia se volverá intolerante con lo religioso y empezará pronto la persecución. Benson pinta una Iglesia en decadencia, que sufre miles de apostasías, pero conserva el sentido común y denuncia valientemente la dictadura de Felsenburgh y de su ideología.

La novela se centra en la evolución de un puñado de personajes bien caracterizados: un político inglés y su familia, un cura que actúa como informador del Vaticano, el anciano Papa que agoniza en Roma. La acción toma tintes apocalípticos, mientras unos traicionan y otros se acercan a la fe. Benson da en el clavo con una curiosa visión profética, y su particular interpretación de la lucha entre Dios y el Anticristo representa un vigoroso soplo de esperanza.

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