Sólo el asombro conoce. La aventura de la investigación científica

TÍTULO ORIGINALSolo lo stupore conosce. L’'avventura della ricerca scientifica

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Marco Bersanelli y Mario GargantiniEncuentro. Madrid (2006). 358 págs. 24 €. Traducción: Javier Corona.

Aristóteles decía que el origen de la filosofía era el asombro. Una de las tesis de los autores es que también lo es de la ciencia. Hoy en día nuestro mundo es como es debido al desarrollo tecnológico proporcionado por la ciencia. Pero ¿es la ciencia la única forma válida de conocimiento objetivo? ¿O, por lo menos, es la mejor?

La ciencia es una búsqueda de la verdad, dicen los autores, pero de verdades parciales; por eso Bersanelli (profesor de Astrofísica de la Universidad degli Studi de Milán y colaborador científico del Instituto Nacional de Astrofísica italiano) y Gargantini (ingeniero electrónico, profesor de física, periodista y divulgador científico) la ven compatible con otras formas de conocimiento, con otras formas de discurso racional basadas en otros métodos de investigación y que, por ello, explican otros ámbitos de la realidad. Es decir, otras verdades, que la ciencia no puede alcanzar. Es por ello, insisten los autores que “la posibilidad de conocer algo de los distintos rasgos del universo, la capacidad de desvelar algunas de sus leyes, más que apagar multiplica la sed de un significado último que mueve y da consistencia a cada cosa”.

En este libro los autores nos acercan a la ciencia de una forma un tanto original. Eligen una serie de conceptos (asombro, observación, experimento, descubrimiento, certeza, signo y finalidad) que, hilvanados en una secuencia lógica, constituyen otros tantos capítulos, a partir de los cuales nos traen a colación una multiplicidad de citas de algunos de los científicos más importantes de la historia de la ciencia (Planck, Galileo, Einstein, Marie Curie, Mendel, Darwin, Hawking, Gell-Mann, Heisenberg, Dirac, Fermi, Faraday, Lemaître… y un largo etcétera). De este modo el lector puede hacerse una idea cabal de la dinámica, objetivos y límites de la ciencia, así como de las inquietudes de los científicos, a través de las reflexiones de sus personajes más egregios. Tanto los textos como los comentarios de los autores son todos asequibles y nada técnicos.

Los autores rechazan explícitamente que entre ciencia y religión haya de haber ningún conflicto que dimane necesariamente de la estructura, los métodos o los contenidos de ambas formas de conocimiento. Si lo hay, es porque alguien se está equivocando en algo y no porque sean intrínsecamente incompatibles. Esta idea la corroboran con el testimonio de numerosos científicos que abogan por el diálogo crítico desde el respeto, soslayando así prejuicios cada día más anacrónicos.

Carlos A. MarmeladaACEPRENSA

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