Represalia

TÍTULO ORIGINALVergeltung

GÉNERO

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Minúscula. Barcelona (2006). 232 págs. 16,50 €. Traducción: Rosa Pilar Blanco.

Minúscula aprovecha el interés del público por la II Guerra Mundial para rescatar esta obra publicada en 1956 cuando la sociedad alemana no parecía estar preparada para leer testimonios bélicos sobre la contienda. Según el posfacio, Ledig pudo ser un referente de la literatura alemana de la posguerra, pero abandonó la literatura con sólo tres novelas escritas por falta de éxito y convicciones. Su primera novela, “El órgano de Stalin”, tuvo una excelente acogida, pero más tarde la crítica le cerraría las puertas. “Represalia” fue vilipendiada por su brutal crueldad y ausencia de sentimientos. Después de publicar su tercera novela, Ledig dejó de escribir, no sin haber arremetido antes contra la actitud de la crítica alemana.

“Represalia” narra con todo lujo de detalles el bombardeo aliado a una ciudad alemana en los estertores de la II Guerra Mundial. El bombardeo dura una hora y diez minutos, pero sirve como armazón sobre el que construir diferentes y minúsculas historias protagonizadas por los soldados y civiles implicados: un matrimonio anciano que no desea abandonar su hogar, una chica joven sepultada bajo los escombros de su casa junto a un hombre desconocido, una patrulla de soldados alemanes borrachos, un maestro tullido en busca de su mujer y su hijo, unos trabajadores forzados rusos, un aviador americano cuyo aparato es derribado, un sacerdote que muere abrasado… Todos desfilan por unas páginas escritas con estilo aséptico, como si se tratara de un informe forense.

La novela tiene una estructura fragmentada en breves sucesos simultáneos, lo que imprime un ritmo rápido. Un narrador en primera persona hubiera humanizado su contenido, pero no era ésa la intención de Ledig. En “Represalia” no hay valoraciones, ni juicios, ni piedad, ni consuelo, ni lugar para la esperanza: sólo bombas y cadáveres. El resultado es una lectura dura y descorazonadora, que se ensaña en la brutalidad a la que puede llegar el ser humano. Ni siquiera los escasos apuntes sobrenaturales que rara vez aparecen ayudan a digerir tanta fatalidad.

José María Fernández Fuentes

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