Ravelstein

Saul Bellow

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Alfaguara. Madrid (2000). 332 págs. 2.450 ptas. Traducción: Roser Berdagué.

La última novela del norteamericano Saul Bellow (1915), Premio Nobel de Literatura (1976), comienza en el Hotel Crillon de París, donde Abe Ravelstein se reúne con su gran amigo Chick para festejar la excelente acogida del libro que éste le alentó a escribir. Se enhebra así un diálogo entre ambos con la intención, por parte del autor, de abordar un retrato moral e intelectual de Ravelstein, un hombre ciertamente hedonista y extravagante, profesor de universidad y homosexual, que ha hecho de la singularidad un arte pluscuamperfecto (este personaje, de hecho, está inspirado en Allam Bloom, profesor de filosofía y amigo personal de Bellow, fallecido en 1992). Ravelstein acaba pidiendo a Chick que escriba sus memorias en un intento último de recuperar su pasado y reconciliarse con su presente.

Chick accede, y antes y después de la muerte de su amigo se dedica a indagar en el lado más difícil de la existencia: el largo y espinoso camino que conduce de la confusión al descubrimiento y la revelación. El procedimiento es ciertamente complicado, pues se trata de sostener el relato en un difícil equilibrio entre el distanciamiento y la transparencia.

La novela plantea así algunas constantes de la literatura, como que la escritura es una forma de ver, o el tema de la magnitud de la complejidad del hombre (“el difícil proyecto de ser hombre en el sentido pleno, ser hombre y nada más que hombre”). Ante esta realidad, el lenguaje se muestra insuficiente, y Chick, aunque desearía dar forma a lo innombrable, no consigue superar el reto narrativo que se había planteado al escribir las memorias de su amigo Ravesltein. Por eso, deberá contentarse con unas cuantas palabras (“hago lo que puedo con los hechos”, “éramos íntimos amigos, ¿qué más se puede decir?”), sintiendo la imposibilidad de que la vida se cuele por las rendijas de la literatura.

Bellow muestra la sofocante y turbia sofisticación en la que viven inmersos sus personajes, intentando arrojar una vez más en sus novelas una luz que explique algo de la verdadera dignidad del hombre. Y lo hace unas veces de una manera muy sutil y otras de forma un tanto ambigua, pero siempre desde la angustia existencial moderna, como ya habían hecho otros escritores europeos -Dostoievski, Conrad, Musil y Kafka- que tanto han influido en el propio Bellow.

Mª Eugenia Martín

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