¿Qué Europa queremos? Los retos políticos y económicos de la nueva Unión Europea

TÍTULO ORIGINALWhat Kind of Europe?

GÉNERO

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Paidós. Barcelona (2004). 287 págs. 19 €. Traducción: Josep Ibáñez.

Tsoukalis, catedrático de Organización Europea en la Universidad de Atenas y profesor en el Instituto Universitario Europeo de Florencia, es un reconocido experto en integración europea. Su pensamiento se inscribe en la tradición de la socialdemocracia europea y, por tanto, dentro de esa corriente internacionalista que cree que la integración contribuye eficazmente a la paz, la democracia y el bienestar. Su libro subraya sobre todo aspectos económicos y sociales, poniendo de relieve cómo las primeras décadas de andadura de la entonces Comunidad Europea tuvieron la virtud de combinar a Keynes en la política económica y a Adam Smith en la política exterior.

Pero todo eso cambió tras la caída del muro de Berlín y la previsible avalancha de países europeos que empezaron a llamar a las puertas de Bruselas. El nuevo mundo surgido entonces aconsejó a la UE más liberalismo económico, de la mano de la Unión Económica y Monetaria, y un mayor papel político. Mientras tanto, el punto débil de la Europa del euro sigue siendo que la construcción de una política exterior y de seguridad pertenece más al mundo de los objetivos que al de las realidades.

Pero esta Europa política -la Europa federal, soñada por algunos en la posguerra-, no parece hoy un horizonte creíble. Son pocas las voces que se elevan para defender más transferencias a Bruselas, y todo esto explica la pérdida de protagonismo político experimentado por la Comisión en la última década. Pero los Estados medianos y pequeños, los más favorecidos por la integración, se aferrarán siempre al método comunitario, lo único que les ha permitido ser alguien en una Europa cuyas relaciones se definían por el equilibrio de las grandes potencias.

La realidad es que una mayoría de Estados se siente satisfecha con el papel de potencia civil, y no defiende ni la Europa laxa de los fundamentalistas del mercado ni la Europa social de corte escandinavo, económicamente inviable. Esta es también la posición de Tsoukalis, originario de un país, Grecia, muy favorecido por la integración.

Mas el principal obstáculo para una Europa política es la falta de movilización, de conciencia de los ciudadanos. La integración europea ha sido desde sus orígenes un proyecto elitista, obra de una minoría bienintencionada, pero, según el autor, esta orientación ha tocado fondo. Hace falta, por tanto, una Europa más democrática, un espacio público europeo en el que los países y sus ciudadanos debatan lo que quieren hacer juntos y cómo. Creemos que Tsoukalis está en lo cierto, si bien se echan en falta referencias concretas a los valores que informarían ese espacio. En cualquier modo, esta propuesta es más realista y eficaz que los afanes de construir apresuradamente una “Europa potencia”, miembro del nuevo equilibrio mundial de potencias del siglo XXI.

Antonio R. Rubio